Palenque: selva, ruinas y uno de los lugares más intensos del sur de México

Palenque me dejó sin palabras: templos mayas entre la selva, humedad pegajosa y una energía difícil de describir. Así fue mi visita al sur de México.
México es uno de los países que más me han emocionado viajando. Me marcó por su comida, su intensidad, sus ciudades, sus pueblos y lugares tan distintos como Oaxaca, Guanajuato o Holbox. Es un destino lleno de vida y de identidad, de esos que se sienten enorme incluso después de varios viajes y que siempre me dejan con ganas de más.

Palenque me dejó sin palabras: templos mayas entre la selva, humedad pegajosa y una energía difícil de describir. Así fue mi visita al sur de México.

Holbox tiene fama de bonita, pero ¿puede ser también tranquila? Sara cuenta su experiencia real en la isla durante su viaje por América Latina.

Campeche me dejó sin palabras: una ciudad amurallada, llena de color y casi sin turistas. Te cuento por qué no debes saltártela.

Valladolid me robó el corazón en Yucatán: cenotes de ensueño, conventos coloniales y el ritmo perfecto para viajar sin prisas.

Bacalar no es Instagram. Es agua turquesa, hamacas lentas y días que se estiran solos. Así viví yo la laguna de los siete colores.

Mazunte y San Agustinillo me enseñaron que viajar despacio también es viajar. Dos pueblos pequeños, mucho océano y cero prisa.

Días lentos, olas enormes y ceviche con los pies en la arena. Así fue mi semana en Puerto Escondido, uno de esos lugares que te retienen más de lo previsto.

Dormir en cabañas entre pinos, caminar por bosques de niebla y entender que México es mucho más que playas y ruinas.

Oaxaca me atrapó desde el primer momento: sus mercados, su mezcal y esa energía imposible de describir sin haberla vivido.

Puebla me sorprendió más de lo que esperaba: talavera, iglesias barrocas y una ciudad con carácter propio en mi ruta por América Latina.