Granada: fachadas de colores y tardes lentas junto al lago

Granada me atrapó con sus casas de colores, sus calles coloniales y esas tardes largas frente al lago. Una etapa inesperadamente bonita.

Granada me atrapó con sus casas de colores, sus calles coloniales y esas tardes largas frente al lago. Una etapa inesperadamente bonita.

León, Nicaragua: calor pegajoso, volcanes que humean y una ciudad universitaria llena de energía. Así viví yo esta etapa del viaje.

De La Ceiba a Cayos Cochinos: el rincón del Caribe hondureño que me dio exactamente lo que necesitaba en mi viaje por Latinoamérica.

Utila, la isla más auténtica de Honduras: buceo increíble, ambiente mochilero real y una personalidad que no encontrarás en ningún otro lugar del Caribe.

Copán Ruinas fue la sorpresa que no esperaba en esta ruta hacia el sur. Estelas, guacamayas y un pueblo que enamora desde el primer café.

Suchitoto me hizo bajar el ritmo sin pedirme permiso. Un pueblo colonial salvadoreño que te atrapa con su calma, su lago y su gente.

El Tunco y El Zonte, dos pueblos costeros de El Salvador donde el surf, las hamacas y las puestas de sol se convierten en el mejor plan del viaje.

Santa Ana me sorprendió con su volcán imponente, su teatro restaurado y una calma que pocas ciudades salvadoreñas tienen. Una parada que no esperaba.

La Ruta de las Flores en El Salvador me dejó sin palabras: pueblos con alma, murales increíbles y los mejores cafés de Centroamérica.

Río Dulce y Livingston me dejaron sin palabras: el Caribe guatemalteco que nadie espera y que lo cambia todo.