Semuc Champey: el desvío más bonito y más incómodo del viaje

Semuc Champey fue el desvío más bonito y más incómodo de mi viaje. Horas de camino de tierra, selva y pozas turquesas que lo justifican todo.
Guatemala me emocionó por su belleza serena y por la fuerza de su identidad. Antigua me pareció una ciudad especialísima, y el lago Atitlán me dejó una de esas sensaciones difíciles de explicar con palabras. Es un país que recuerdo con mucha ternura, por sus volcanes, sus colores y esa manera tan profunda que tiene de quedarse contigo.

Semuc Champey fue el desvío más bonito y más incómodo de mi viaje. Horas de camino de tierra, selva y pozas turquesas que lo justifican todo.

Subí el Acatenango con las piernas temblando y dormí frente al Fuego. Una noche que no voy a olvidar en todo este viaje por América Latina.

Antigua Guatemala me atrapó desde el primer adoquín. Volcanes, colores y una calma que no esperaba encontrar en mitad de un viaje largo.

Madrugar para ver amanecer en Tikal fue la decisión más acertada de todo el viaje. Te cuento cómo vivirlo sin arrepentirte.

Flores fue mi pausa perfecta antes de Tikal. Una isla tranquila en el Petén que me regaló tiempo, calma y la energía para enfrentarme a las ruinas mayas.

Descubrí Antigua Guatemala entre ruinas coloniales, volcanes, mercados y todo lo que conviene saber antes de visitar esta joya declarada Patrimonio de la Humanidad.

Descubrí el Lago Atitlán entre pueblos mayas, volcanes imponentes y una magia que me cambió para siempre.