Llegué a Ciudad de México sin saber muy bien qué esperar. Tenía una mochila demasiado grande, un vuelo de madrugada desde Madrid y una lista de notas en el móvil que mezclaba nombres de barrios con frases sueltas que había ido apuntando en los meses anteriores. Sabía que este viaje iba a durar mucho, que iba a llevarme hasta la Patagonia si todo salía bien, y que México era solo el principio. Pero no sabía, y esto es lo importante, que iba a quedarme casi tres semanas en una ciudad de la que pensaba marcharme en diez días.

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Cuando le pregunté a la chica de mi alojamiento dónde debía quedarme, me dijo algo que luego repetí yo misma mil veces: «Roma y Condesa son para los que llegan y no se quieren ir.» Entendí exactamente qué quiso decir cuando salí a caminar la primera mañana con un café en la mano y sin ningún plan concreto.
Ciudad de México es enorme, densa, ruidosa y, en algunos puntos, agotadora. Pero estos dos barrios tienen algo que los hace radicalmente distintos al resto: una escala humana. Las calles están llenas de árboles, los edificios no son monstruosos, hay terrazas en cada esquina y la gente parece tener tiempo, aunque probablemente no lo tenga.
No digo que otras colonias no merezcan la pena, porque las merecen. Pero para llegar, instalarse y entender poco a poco de qué va esta ciudad, Roma Norte, Roma Sur y Condesa son un punto de entrada que funciona de verdad.
La diferencia entre Roma y Condesa
Mucha gente las confunde o las trata como si fueran lo mismo. No lo son, aunque estén pegadas y se solapen en algunos puntos.
- Roma es más irregular, más ecléctica, con una mezcla de galerías de arte, tiendas de segunda mano, restaurantes de todo tipo y calles que van cambiando de carácter a medida que avanzas. Roma Norte tiene más movimiento nocturno; Roma Sur es más tranquila y residencial.
- Condesa es más ordenada, más uniforme en su estética. El art déco aparece por todas partes, los parques son protagonistas y la sensación general es de un barrio que cuida mucho su imagen. Más cara, también, en general.
Yo me alojé en Roma Norte y pasé muchas horas en Condesa. Era el equilibrio perfecto.
Las cosas que hice, y las que no hice a propósito
Tenía pendiente el Museo Nacional de Antropología, Teotihuacán, Xochimilco, Coyoacán. Las hice todas, en distintos días, y merecen su propio espacio (próximas entregas, prometo). Pero lo que me cambió el chip de verdad fueron las cosas pequeñas dentro del barrio. Las que no aparecen en ninguna guía o aparecen en letra pequeña.
Desayunar sin prisa en un lugar cualquiera
En México el desayuno es una institución. No un café rápido de pie, no una tostada con mantequilla. Me refiero a enfrijoladas, a chilaquiles, a huevos rancheros con frijoles refritos y salsa verde. Tardé dos días en entender que el desayuno podía durar una hora y media sin que nadie te mirara raro. A partir de ahí, lo convertí en el eje de mis mañanas.
Hay muchos lugares en Roma y Condesa donde puedes tener ese desayuno largo y bueno. No voy a dar un nombre concreto porque lo que me funcionó a mí puede estar cerrado cuando leas esto, pero el método es simple: busca los sitios donde hay colas de gente local antes de las diez de la mañana. Ahí está la respuesta.
El Parque México y el ritual de no hacer nada
El Parque México en Condesa se convirtió en mi lugar favorito de toda la ciudad. No por ninguna razón turística concreta, sino porque era el sitio donde me sentaba sin ningún objetivo y dejaba pasar el tiempo. Hay gente paseando perros, familias, personas leyendo, músicos improvisando. Es uno de esos parques urbanos que tiene una energía propia, difícil de explicar, que te invita a quedarte.
Fui varias mañanas distintas. Me llevaba un libro, un zumo de algún puesto cercano y nada más. Fue, probablemente, donde empecé a entender de verdad que este viaje largo que tenía por delante no iba a ser una carrera. Que podía parar.
El Mercado de Roma como primer contacto real con la comida mexicana
El Mercado de Roma es una especie de mercado gastronómico reformado, más turístico que un mercado tradicional, sí, pero útil como punto de entrada si acabas de llegar y no sabes por dónde empezar. Hay puestos de todo: tacos, ceviche, mezcal, pan dulce, jugos.
Lo visité el primer día casi por inercia, porque estaba a cinco minutos de donde dormía. Y aunque más adelante preferí los mercados más tradicionales del centro, ese primer paseo me dio un mapa mental de lo que me esperaba gastronómicamente. A veces el punto de partida más accesible no es el peor, es simplemente el primero.

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Ciudad de México tiene fama, a veces exagerada y a veces no tanto, de ser complicada para moverse. Mi experiencia fue más positiva de lo que esperaba, con algunos matices.
- El metro es barato, extenso y funciona bien en horas no punta. En hora punta es una experiencia física intensa. Úsalo cuando puedas, pero no a las ocho de la mañana si tienes opción de esperar.
- Las apps de transporte tipo Uber funcionan de manera bastante fiable en estas colonias. En zonas más céntricas o alejadas puede variar.
- Caminar entre Roma y Condesa es perfectamente posible y, de hecho, recomendable. Es la mejor forma de descubrir cosas en los huecos entre los puntos de interés.
- La Ecobici, el sistema de bicicletas públicas de la ciudad, tiene estaciones por toda la zona y es una opción muy agradable si el día acompaña. Puedes consultar más información en la web oficial de Ecobici CDMX.
El momento en que entendí que México iba a retrasarme
Hubo un día concreto, creo que era un jueves, en el que tenía pensado empezar a mirar opciones de transporte hacia Oaxaca. Me senté en una terraza de Roma Norte con ese plan, pedí un café de olla y no hice nada de lo que había planeado. Estuve allí dos horas mirando la calle, hablando con la camarera sobre dónde había nacido, leyendo un poco.
Y pensé: no tengo ninguna prisa real. El viaje hasta la Patagonia era largo. México era solo el principio, sí, pero nadie me había dicho que el principio tuviera que durar exactamente lo que yo había calculado en casa, sentada frente a una pantalla.
Eso es lo que me hizo Roma y Condesa. No una lista de lugares imprescindibles, no un récord de museos visitados. Me enseñaron a soltar un poco el control del itinerario. Y eso, en un viaje largo, es probablemente lo más valioso que te puede pasar en las primeras semanas.
Sobre la seguridad en estos barrios
Sería poco honesto no mencionarlo. Roma y Condesa son, en términos generales, dos de las colonias más seguras para moverse en Ciudad de México, tanto de día como de noche. Eso no significa que haya que bajar completamente la guardia, porque seguimos hablando de una megalópolis, pero el ambiente es bastante tranquilo y hay mucho movimiento constante de personas en la calle.
Para tener una perspectiva más completa sobre seguridad en viajes por México, la web del Ministerio de Asuntos Exteriores de España tiene recomendaciones actualizadas que vale la pena revisar antes de salir.

Mis consejos prácticos para Roma y Condesa, como si te los contara tomando algo
Si fuera a explicártelo en persona, te diría esto:
- No reserves demasiado por adelantado. Tener los primeros dos o tres días cubiertos está bien, pero deja margen. Esta zona tiene mucha oferta de alojamiento y los planes cambian.
- Llega con el estómago preparado. No bromeo. La comida es tan buena y tan constante que los primeros días comes más de la cuenta. Es normal. Asúmelo.
- Alterna los mercados «de diseño» con los de barrio. El Mercado de Medellín, por ejemplo, es mucho más cotidiano y auténtico que el de Roma. Ambos tienen su valor, pero no te quedes solo con los más conocidos.
- Aprende dos o tres palabras de cortesía mexicana. El «¿qué onda?», el «órale», el trato con diminutivos. No es necesario, pero la gente lo agradece y el ambiente cambia notablemente.
- No trates de ver todo en pocos días. Sé que suena a tópico, pero en CDMX más que en ningún sitio. Es una ciudad que necesita tiempo para abrirse. Dale al menos una semana a estas colonias si puedes permitírtelo.
- Consulta la agenda cultural local. La Secretaría de Cultura de CDMX publica eventos gratuitos regularmente: conciertos en parques, exposiciones, mercados temporales. Muchos de los mejores momentos que viví no los tenía planeados.
- Prueba el mezcal con calma. No el primero que te ofrezcan en la calle ni el más barato. Hay bares especializados en Roma donde te lo explican bien y te ayudan a encontrar uno que te guste. Merece la pena hacerlo así al menos una vez.
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