Murallas coloniales del centro histórico de Campeche al atardecer con casas de colores

Campeche: la ciudad amurallada que casi nadie prioriza y vale muchísimo

Campeche me dejó sin palabras: una ciudad amurallada, llena de color y casi sin turistas. Te cuento por qué no debes saltártela.

Cuando salí de Mérida con la mochila al hombro, la mayoría de la gente con la que había cruzado en el camino me preguntaba lo mismo: «¿Y de ahí, directa a Palenque?». Nadie mencionaba Campeche. Aparecía en los mapas, sí, a un par de horas en autobús, pero la gente la saltaba como si fuera un simple punto de tránsito. Algo en esa actitud colectiva me llamó la atención, así que hice lo contrario: me quedé tres noches y casi me arrepiento de no haber reservado una más.

Murallas coloniales del centro histórico de Campeche al atardecer con casas de colores
Las murallas que rodeaban la ciudad para defenderse de los piratas siguen en pie y puedes caminarlas.

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Campeche, la ciudad que nadie prioriza (y eso es exactamente su magia)

Llegar a Campeche en autobús ya tiene algo especial. Cuando el taxi te acerca al centro histórico y empiezan a aparecer esas fachadas pintadas en amarillo mostaza, verde menta, azul cielo y terracota, entiendes que algo aquí es diferente. No es el tipo de colorido forzado de un barrio turístico rehabilitado para las fotos. Es una ciudad que funciona, que respira, que tiene farmacias y mercados y señores tomando café en la acera, y que casualmente también es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1999.

Lo que me sorprendió desde el primer momento fue la ausencia de aglomeraciones. Estamos hablando de una de las ciudades coloniales mejor conservadas de todo México, con murallas del siglo XVII todavía en pie, baluartes restaurados y un centro histórico que parece un decorado de película, y sin embargo podía caminar tranquilamente por sus calles sin esquivar grupos de turistas ni escuchar el sonido de decenas de palos de selfie. Esa soledad, honestamente, la disfruté como un lujo.

La historia detrás de las murallas: piratas, batallas y mucho orgullo campechano

Para entender Campeche hay que entender por qué tiene murallas. Y la respuesta tiene nombres propios: piratas. Durante los siglos XVII y XVIII, la ciudad fue atacada repetidamente por corsarios y bucaneros que llegaban desde el Golfo de México en busca de las riquezas que se acumulaban aquí antes de ser enviadas a España. El más famoso de esos ataques, en 1663, fue tan devastador que la Corona española decidió financiar la construcción de un sistema defensivo completo: murallas, baluartes y fuertes.

Hoy quedan en pie varios de esos baluartes, cada uno con su nombre y su historia. Algunos albergan museos pequeños pero bien cuidados, otros simplemente te permiten subir y contemplar la ciudad desde arriba. El Baluarte de la Soledad es quizás el más visitado, y desde allí se entiende perfectamente cómo funcionaba el sistema defensivo. Para leer más sobre la historia colonial de la región, la web del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene información muy completa y gratuita.

¿Se pueden caminar las murallas?

Sí, y es una de las cosas que más me gustó. No en toda su extensión original, porque parte del trazado ya no existe, pero hay tramos bien conservados donde puedes caminar encima, especialmente al atardecer cuando la luz lo tiñe todo de naranja y la temperatura baja un poco. Ese paseo se convirtió en mi ritual de cada tarde.

Qué ver en el centro histórico de Campeche

El centro histórico es compacto y perfectamente recorrible a pie. No necesitas mapas complicados ni guías: simplemente caminas y dejas que las calles te lleven. Pero hay algunos puntos que no me perdería:

  • La Catedral de Nuestra Señora de la Purísima Concepción: preside la plaza principal con esa mezcla de sobriedad y elegancia tan característica del barroco novohispano. El interior vale la visita aunque solo sea para sentarse un momento y notar el contraste entre el calor de fuera y la frescura de piedra de dentro.
  • El Malecón: Campeche tiene mar, y tiene un paseo marítimo largo y tranquilo que al atardecer se llena de familias locales, corredores y parejas. Es uno de esos lugares donde desapareces entre la gente y dejas de ser turista por un rato.
  • El Mercado Principal: ruidoso, lleno de color, con olores que se mezclan y te dan hambre al instante. Aquí es donde desayuné cada mañana, señalando sin saber muy bien qué pedía y acertando casi siempre.
  • Los baluartes: hay varios repartidos por el perímetro de la antigua muralla. No todos están abiertos al mismo tiempo ni en las mismas condiciones, pero merece la pena acercarse a cada uno porque cada uno tiene su propia personalidad.
  • El Barrio de San Román: ligeramente fuera del núcleo más turístico, con una iglesia famosa por el Cristo Negro que se venera allí. El ambiente es más de barrio auténtico, menos postal.

Calle peatonal de Campeche con fachadas de colores vivos y adoquines
Cada calle del centro histórico parece sacada de una postal. La diferencia es que apenas hay gente.

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La gastronomía campechana: un capítulo aparte

No exagero si digo que Campeche me sorprendió tanto por la comida como por la arquitectura. La cocina campechana tiene identidad propia dentro de la enorme diversidad gastronómica mexicana, y está muy marcada por la influencia del mar y de la selva al mismo tiempo.

Lo que no puedes irte sin probar

  • Pan de cazón: es el plato local por excelencia. Capas de tortilla, frijoles negros y cazón (un tipo de tiburón pequeño) bañadas en salsa de tomate. Suena raro, sabe extraordinario.
  • Camarones al coco: la costa del Golfo tiene marisco bueno y abundante, y en Campeche lo saben aprovechar.
  • Tamales colados: diferentes a los tamales que había probado en otras partes de México, con una textura más suave y un sabor más delicado.
  • Chocolomo: un guiso de vísceras que puede sonar intimidante pero que tiene siglos de historia y un sabor potente y honesto.

Para comer bien y barato, el mercado y los comedores de barrio son imbatibles. Los restaurantes del centro histórico son más cuidados en presentación pero no siempre mejores en sabor. Mi mejor comida en Campeche la tuve en una mesa de plástico con servilletas de papel.

Una excursión que vale la pena: Edzná

A menos de una hora de Campeche en transporte organizado se encuentra Edzná, una zona arqueológica maya que recibe una fracción de los visitantes que van a Chichén Itzá o Uxmal, pero que tiene una majestuosidad propia que me dejó sin palabras. El edificio principal, conocido como el Edificio de los Cinco Pisos, se alza sobre una gran explanada y en determinados momentos del año queda perfectamente iluminado por el sol en los solsticios y equinoccios.

Fui en un tour organizado desde el centro histórico, que es probablemente la forma más cómoda si no tienes coche de alquiler. La visita es tranquila, sin aglomeraciones, y el sitio está rodeado de vegetación que hace el calor más soportable. El INAH gestiona el acceso y el mantenimiento del sitio.

Dónde dormir en Campeche

El centro histórico tiene opciones para todos los presupuestos, desde hostales sencillos en casas coloniales restauradas hasta pequeños hoteles boutique con patios interiores llenos de plantas. Mi recomendación personal es quedarse dentro de las murallas si el presupuesto lo permite, porque la experiencia de pasear por esas calles de noche cuando casi no hay nadie no tiene precio.

Las opciones fuera del centro son más económicas pero pierdes bastante en ambiente. Campeche es una ciudad para vivirla desde adentro, no para visitarla en una mañana.

Baluarte colonial de Campeche con el cielo naranja al atardecer
La hora dorada en los baluartes es uno de esos momentos que se quedan grabados.

Campeche dentro de una ruta larga por México

En el contexto de este viaje largo que estoy haciendo desde México hasta la Patagonia, Campeche encajó perfectamente como etapa de transición entre la península de Yucatán y Chiapas. La ruta típica pasa por Mérida → Campeche → Palenque, y tiene mucho sentido geográfica y emocionalmente: cada ciudad tiene un ritmo diferente y las tres se complementan muy bien.

Lo que sí te digo es que tres noches se me quedaron cortas. Con dos puedes ver lo esencial, pero si tienes tiempo, la tercera noche te la regala la ciudad misma: ya conoces los rincones, ya tienes tu ruta favorita al atardecer, ya sabes dónde desayunar. Y eso, en un viaje largo, es un regalo.

Para más información sobre la ciudad y sus museos, la web oficial del Gobierno del Estado de Campeche tiene recursos útiles, aunque como siempre en este tipo de páginas institucionales, conviene contrastar horarios antes de ir.

Consejos prácticos para visitar Campeche

Como si te los estuviera contando en persona antes de que cojas el autobús:

  • El calor es real y es intenso. Lleva ropa ligera, protector solar, sombrero y una botella de agua que puedas rellenar. Empieza a moverte por las mañanas temprano y descansa durante las horas centrales del día.
  • El centro histórico es muy caminable, pero fuera de él el taxi es tu amigo. No hay una red de transporte público muy intuitiva para quien no conoce la ciudad.
  • Reserva alojamiento con antelación si vas en temporada alta (Semana Santa, verano, Navidades), porque las opciones dentro de las murallas son limitadas y se llenan.
  • El malecón al atardecer es gratis y espectacular. No lo cambies por ningún tour de pago.
  • Para ir a Edzná, pregunta en tu alojamiento por tours compartidos: suele ser la opción más económica y evitas el estrés de buscar transporte público.
  • Lleva efectivo. Muchos comedores y tiendas pequeñas no aceptan tarjeta, o si la aceptan, prefieren que pagues en metálico.
  • Date una noche sin plan. Simplemente camina por el centro cuando se va la luz del día y los colores de las fachadas cambian completamente. Es de las cosas más bonitas que he visto en este viaje.

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