Aguas turquesas de la laguna de Bacalar con un muelle de madera en primer plano

Bacalar: cómo vivir la laguna sin prisas ni postureo

Bacalar no es Instagram. Es agua turquesa, hamacas lentas y días que se estiran solos. Así viví yo la laguna de los siete colores.

Llegué a Bacalar con la mochila cargada y las expectativas bastante bajas. Había visto demasiadas fotos perfectas en redes sociales, esas en las que todo el mundo aparece flotando en aguas turquesas con un sombrero de paja y una piña colada, y me temía lo peor. Pero Bacalar me sorprendió, y no precisamente por las fotos. Me sorprendió porque, si sabes moverte bien, todavía conserva algo que escasea mucho en esta zona de México: una calma genuina. Esto es lo que encontré, lo que hice y lo que repetiría sin dudarlo.

Aguas turquesas de la laguna de Bacalar con un muelle de madera en primer plano
La laguna de los siete colores desde uno de los muelles del pueblo. Hay momentos en que cuesta creer que esto es real.

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Por qué Bacalar todavía merece la pena (a pesar del turismo)

Seré honesta: Bacalar ha cambiado. El pueblo que describen algunos libros de viaje ya no existe del todo. Hay restaurantes de moda, hoteles boutique con infinity pool y tours que salen cada hora llenos de gente que quiere la foto y se va. Eso existe y convive con otra Bacalar que hay que buscar un poco más.

Lo que sigue siendo verdad es el agua. La laguna de los siete colores es exactamente eso: una masa de agua donde el azul va cambiando de tono según la profundidad, la hora del día y la luz. Desde el verde esmeralda casi transparente cerca de la orilla hasta el azul marino profundo en el canal. Es de esas cosas que no se pueden exagerar porque la realidad ya es bastante exagerada de por sí.

Y lo que también sigue siendo verdad es que si llegas entre semana, si te alojas en el lado más tranquilo del pueblo y si evitas los catamanes con música a todo volumen, puedes vivir Bacalar de una manera que tiene muy poco que ver con el postureo.

Cómo llegar y cuántos días quedarse

Yo vine desde Tulum, en autobús. El trayecto no es corto, pero tampoco eterno, y los autobuses de segunda clase que salen de la terminal ADO son bastante cómodos para lo que se paga. También se puede llegar desde Chetumal, que está mucho más cerca y es la capital del estado. Si vienes del sur, desde Belice o Guatemala, Chetumal es la puerta natural.

Sobre cuántos días quedarse: yo me quedé cinco noches y me pareció lo justo. Con tres días puedes ver lo esencial. Con cinco, puedes empezar a sentir el ritmo del pueblo de verdad. Con más de una semana, creo que o eres muy fan de la hamaca o estás escribiendo una novela.

Dónde dormir sin arruinarse ni perderse la magia

Este es quizás el punto más importante, porque en Bacalar el alojamiento define bastante cómo vas a vivir el lugar. Hay dos zonas principales: la calle que bordea la laguna (donde están los hoteles con muelle privado y los precios más altos) y las calles del interior del pueblo (más tranquilas, más económicas, más reales).

Yo me alojé en un hostal pequeño a un par de calles del agua. Tenía hamacas en la terraza y un ambiente muy tranquilo, sin las fiestas nocturnas que sí hay en algunos hostales más turísticos. Si buscas opciones, puedes revisar disponibilidad en Booking.com para Bacalar, donde hay bastante variedad de precio y estilo.

Lo que sí recomiendo, si tu presupuesto lo permite aunque sea una noche: busca algún alojamiento con acceso directo a la laguna. Bañarte en el agua antes del desayuno, cuando no hay nadie, cambia completamente la experiencia.

Qué hacer en Bacalar: el plan sin prisas

Aquí va lo que yo hice y que tiene más sentido si quieres alejarte del turismo de tachuela:

Alquilar un kayak o un cayuco

Esto fue lo mejor que hice en Bacalar, con diferencia. Un cayuco es una pequeña embarcación de madera sin motor, tradicional de la zona. Alquilarlo por unas horas y remar sin rumbo fijo por la laguna es una experiencia completamente diferente a subirse a un catamarán con veinte turistas y música reggaeton. Puedes parar donde quieras, meterte en las zonas de agua más clara, quedarte quieta en mitad del lago y no escuchar nada más que el agua. Varios locales alquilan tanto kayaks como cayucos cerca del malecón.

Pequeña embarcación tradicional navegando en las aguas azules de Bacalar con el cielo anaranjado al fondo
Un cayuco al atardecer. La mejor forma de moverse por la laguna sin motor ni ruido.

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El Canal de los Piratas

Es un paso estrecho entre la laguna grande y una parte más recóndita, con árboles que se cierran sobre el agua y un color verdísimo que parece sacado de una película de aventuras. Se puede llegar en kayak si tienes algo de fuerza en los brazos, o apuntarte a alguno de los tours más pequeños que lo incluyen. Evita los tours masivos que pasan por aquí a mediodía: el ruido de los motores y la cantidad de gente rompen completamente el ambiente.

El Fuerte de San Felipe

Es pequeño y no te va a robar más de una hora, pero vale la pena pasarse. El Fuerte de San Felipe Bacalar data del siglo XVIII y fue construido para defenderse de los piratas que operaban en la zona del Caribe. Desde sus murallas hay vistas directas a la laguna y el museo interior está bien organizado. Si te interesa el contexto histórico de la región, la web del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) tiene información sobre este y otros sitios de Quintana Roo.

Pasear por el pueblo de madrugada (o al amanecer)

Bacalar de noche, cuando los turistas se han recogido, es otro pueblo. Las calles huelen a tierra mojada y a cocina casera. Los perros duermen en medio de la calle. Si madrugas, puedes ver la laguna al amanecer casi en completa soledad, con la niebla baja y el agua en ese tono gris-verde que no sale en ninguna foto de Instagram.

La zona arqueológica de Kohunlich

Si tienes un día libre y quieres alejarte de la laguna, Kohunlich merece la visita. Es una zona arqueológica maya a no mucha distancia de Bacalar, famosa por sus máscaras del dios solar perfectamente conservadas. No hay muchos turistas y el ambiente entre la selva es impresionante. Se puede combinar con Dzibanche en el mismo día si tienes un coche o te apuntas a algún tour privado pequeño.

Dónde comer: sin caer en las trampas turísticas

El malecón tiene restaurantes bonitos, con vistas y carta en inglés. Están bien, pero el precio refleja más la vista que la comida. Mis mejores comidas en Bacalar fueron en sitios sin muelle y sin carta plastificada:

  • Las cocinas económicas del mercado municipal: menú del día con sopa, guiso y agua fresca. Sencillo, abundante y delicioso.
  • Los puestos de mariscos cerca del parque central al mediodía: el ceviche de camarón estaba entre los mejores que comí en todo el viaje por México.
  • Cualquier sitio donde veas que la mayoría de los clientes son locales y no llevan cámara de fotos colgada al cuello.

Para los desayunos, yo me hacía la mayoría en el hostal o me compraba fruta en el mercado. La papaya y el mango de la zona estaban en un punto de madurez que no he vuelto a ver.

Lo que no me gustó (porque sería deshonesta si no lo dijera)

El turismo de masas existe y en fin de semana es muy visible. Los catamanes con música salen llenos y el malecón se llena de gente con el mismo itinerario. Si viajas en temporada alta o en puente festivo, prepárate para eso.

También me pareció que los precios han subido bastante en los últimos años, sobre todo en alojamiento. Bacalar ya no es el secreto barato que fue. Sigue siendo más económico que Tulum, pero la diferencia se ha reducido.

Y una cosa más: la basura. En algunas zonas de la orilla hay plásticos que llegan con el viento y la corriente. No arruina la experiencia, pero es un recordatorio de que esta laguna necesita cuidado. Puedes informarte sobre iniciativas locales de conservación a través de organizaciones como WWF México, que trabaja en la protección de humedales y ecosistemas acuáticos en la región.

Fachada colonial del Fuerte de San Felipe en Bacalar con la laguna al fondo
El Fuerte de San Felipe, pequeño pero con mucha historia. Vale la pena pasarse aunque sea una hora.

Consejos prácticos para Bacalar (como si te los dijera tomando un café)

  • Ve entre semana si puedes. De lunes a jueves el pueblo respira de otra manera. Los fines de semana llegan turistas de Chetumal y Cancún y la cosa cambia.
  • Lleva repelente de insectos bueno. Los mosquitos al atardecer son de los serios. No el repelente de farmacia flojo, sino algo con DEET de verdad.
  • No nades justo después de llover. La laguna tiene un ecosistema delicado con estromatolitos, unas formaciones microbianas únicas. Algunos guías recomiendan no usar protector solar convencional en el agua; lleva uno de los llamados reef safe o biodegradable.
  • Si alquilas kayak, sal temprano. Por la mañana el agua está en calma y la luz es perfecta. A partir del mediodía suele levantarse algo de viento.
  • Negocia los tours directamente con los lancheros locales. Las agencias del malecón cobran más por lo mismo. Si bajas al embarcadero y hablas directamente, sueles conseguir mejor precio y un grupo más pequeño.
  • El cajero del pueblo a veces se queda sin efectivo. Lleva algo de cash de Chetumal o de donde vengas, por si acaso.
  • Si no sabes remar, no pasa nada. Los cayucos son estables y en media hora le coges el truco. Solo asegúrate de salir con suficiente tiempo antes de que anochezca.

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