Hay destinos que te los imaginas de una manera y, al llegar, te dejan sin palabras porque la realidad los supera. Rodas fue exactamente eso para mí. Yo esperaba playas bonitas y alguna ruina interesante, y me encontré con una isla que tiene capas y capas de historia encima, con una ciudad medieval tan bien conservada que caminar por ella se siente como entrar en otra dimensión temporal. Llevaba meses con Rodas en el radar y, cuando por fin compré el billete, no sabía muy bien qué me esperaba. Ahora, después de haberla recorrido de norte a sur, puedo decirte que es uno de esos viajes que te cambian ligeramente la forma de ver el Mediterráneo.
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La Ciudad Vieja de Rodas: un viaje al medievo
Lo primero que hice al llegar fue dejar la maleta en el hotel y salir corriendo hacia la Ciudad Vieja. No podía esperar. Rodas tiene la ciudad medieval amurallada más grande de Europa que se conserva habitada, y eso, amiga, es algo que se nota en cuanto cruzas una de sus puertas de piedra. La UNESCO declaró la Ciudad Medieval de Rodas Patrimonio de la Humanidad en 1988, y es fácil entender por qué cuando te plansas delante de esas murallas que llevan siglos aguantando vientos, guerras y el paso del tiempo.
El corazón histórico está dividido en dos grandes zonas: el Collachium, donde vivían los Caballeros Hospitalarios, y la Chora, el barrio donde residía la población civil. La diferencia entre ambos es perceptible incluso hoy: el primero tiene un aire más austero y señorial, con el famoso Palacio del Gran Maestre presidiendo todo; el segundo es un laberinto maravillosamente caótico de callejuelas, tiendas de artesanía, tabernas y gatos durmiendo en los escalones.
La Calle de los Caballeros
Si hay una imagen que define la Ciudad Vieja, es la Calle de los Caballeros (Odos Ippoton). Es una calle recta, empedrada con adoquines medievales, flanqueada por las posadas que cada nación de la Orden usaba como sede. Francesa, italiana, española… cada fachada tiene su propio carácter. Yo la recorrí a primera hora de la mañana, casi sola, y fue uno de esos momentos en los que el viaje cobra un sentido especial. Sin turistas, sin ruido, solo el eco de mis pasos sobre las piedras.
Al fondo de la calle está el Palacio del Gran Maestre, una fortaleza imponente que fue destruida por una explosión en el siglo XIX y reconstruida durante la ocupación italiana en el XX. Puedes visitarlo y explorar sus salas con mosaicos romanos y helenísticos trasladados desde la isla de Cos. Consulta los horarios actualizados en la web oficial del municipio de Rodas antes de ir, porque cambian según la temporada.
El Barrio Turco y la Mezquita de Solimán
Rodas tiene también una capa otomana que mucha gente no espera encontrar. Después de que los turcos conquistaran la isla en 1522, dejaron su huella en forma de mezquitas, fuentes y hammams. La Mezquita de Solimán el Magnífico domina una de las plazas del barrio turco con su cúpula rosada, y el mercado cubierto (Bazaar) cercano es un buen lugar para comprar especias, cerámica y esponjas naturales, que son típicas de las islas del Dodecaneso.
Más allá de las murallas: la isla de Rodas al completo
Quedarme solo en la Ciudad Vieja habría sido un error. La isla de Rodas tiene unos 1.400 kilómetros cuadrados y esconde rincones que merecen mucho más que una mirada rápida.

Lindos: el pueblo blanco con acrópolis sobre el mar
A algo menos de una hora en coche desde la capital, Lindos es uno de esos lugares que aparecen en todas las guías y que, a pesar de eso, no te decepcionan. El pueblo es un conjunto de casas encaladas que trepan por la colina hasta llegar a la Acrópolis de Lindos, con sus columnas dóricas asomadas sobre un acantilado con vistas al mar Egeo. La Acrópolis de Lindos fue un santuario dedicado a Atenea Lindia y su historia se remonta al siglo X a.C.
Eso sí, te aviso: en verano hay mucha gente y mucho calor. Sube temprano, lleva agua y disfruta de las vistas antes de que lleguen los autobuses de excursionistas. Merece la pena cada gota de sudor, te lo juro.
Las playas que te dejan sin palabras
Rodas tiene una costa que varía mucho según la parte de la isla. En el norte y el noreste, las playas son más urbanas y accesibles, perfectas si quieres combinarlo con visitas culturales. En el sur y suroeste, el paisaje cambia y aparecen calas más salvajes y menos masificadas.
- Playa de Faliraki: la más turística y animada, ideal si buscas hamacas, chiringuitos y ambiente.
- Playa de Tsambika: una media luna de arena dorada con aguas turquesa, muy fotografiada y muy concurrida en agosto.
- Playa de Prasonisi: en el extremo sur de la isla, donde el mar Egeo y el Mediterráneo se juntan. Es un paraíso para los amantes del windsurf y el kitesurf.
- Playa de Agathi: una cala pequeña y tranquila cerca de Haraki, con ese azul eléctrico que parece de postal.
- Playa de Kallithea: conocida por los baños termales del mismo nombre, un conjunto arquitectónico italiano de estilo morisco que mezcla historia y baño de forma perfecta.
Yo me quedé especialmente enamorada de Agathi. Llegué a media tarde, cuando los grupos de excursión ya se habían ido, y me tumbé en la arena con el sonido del agua como única banda sonora. Hay momentos de viaje que no hacen falta ni fotos.
La antigua Camiros y las huellas helenísticas
Rodas no es solo medieval. La isla fue una de las ciudades-estado más prósperas del mundo antiguo, y quedan ruinas para demostrarlo. La antigua Camiros, en la costa oeste, es un yacimiento arqueológico que muestra una ciudad griega del siglo III a.C. prácticamente intacta en su trazado urbano: calles, casas, cisternas, el ágora… todo visible y bien señalizado. No tiene la espectacularidad visual de Lindos, pero tiene algo que me gusta más: la sensación de que la gente de verdad vivió allí.
Gastronomía rodia: más allá del tzatziki
La cocina de Rodas tiene influencias griegas, turcas e italianas, y eso se nota en cada carta. Algunos imprescindibles que probé y que recomiendo sin dudar:
- Pitaroudia: unas croquetas de garbanzos típicas del Dodecaneso, crujientes por fuera y cremosas por dentro.
- Macarounades: pasta casera con carne guisada y myzithra (un queso de oveja), que es el plato más tradicional de la isla.
- Pulpo a la brasa: en cualquier taberna frente al mar, simplemente perfecto.
- Vino local: Rodas tiene denominación de origen propia y produce vinos blancos frescos muy agradables para el calor del verano.
La zona de la Ciudad Nueva de Rodas tiene una calle llena de restaurantes turísticos, pero si quieres algo más auténtico, métete en los callejones de la Ciudad Vieja o busca las tabernas (tavernas) de los pueblos del interior como Embonas, conocido por sus viñedos.

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Cuándo ir
La mejor época para visitar Rodas es, en mi opinión, mayo, junio o septiembre. El calor es agradable, el mar está templado y hay muchos menos turistas que en julio y agosto. En pleno verano la isla se llena muchísimo, especialmente la Ciudad Vieja y Lindos, así que si puedes evitar el pico de temporada, mejor. En invierno la isla está prácticamente desierta y muchos hoteles y restaurantes cierran.
Cómo llegar y moverse
- En avión: el Aeropuerto Internacional Diagoras de Rodas tiene vuelos directos desde varias ciudades españolas en temporada alta. En invierno suele haber menos opciones directas y puede ser necesario hacer escala en Atenas.
- En barco: Rodas tiene conexiones regulares con El Pireo (Atenas) y con otras islas del Dodecaneso como Cos, Patmos o Symi. El ferry nocturno desde Atenas es una experiencia en sí misma.
- Para moverse por la isla: lo más cómodo es alquilar un coche o una moto. Los autobuses públicos (KTEL) conectan las principales localidades, pero con horarios limitados. Consulta los itinerarios actualizados en su página oficial antes de planificar excursiones.
Dónde alojarse
Tienes opciones para todos los gustos y bolsillos. La Ciudad Vieja es la opción más especial si quieres vivir la experiencia histórica desde dentro, aunque los precios suelen ser más altos que en la Ciudad Nueva. La Ciudad Nueva es más práctica, con mejor conexión de transporte y más variedad de restaurantes y supermercados. Si prefieres playa y tranquilidad, mira hoteles en Faliraki, Lindos o Ixia.
Presupuesto orientativo
Rodas no es la isla más barata de Grecia, pero tampoco es prohibitiva. Los precios suelen rondar los de un destino mediterráneo medio-alto en temporada alta. Una comida completa en una taverna local puede salirte por bastante menos que en los restaurantes del frente marítimo turístico. Alquilar un coche pequeño durante unos días te da una libertad enorme y suele ser más económico de lo que parece si lo reservas con antelación.
Cosas que no debes olvidar
- Llevar calzado cómodo para los adoquines de la Ciudad Vieja. En serio, los tacones son un suicidio allí.
- Aplicarte protección solar alta. El sol en el Mediterráneo oriental no perdona, especialmente en verano.
- Llevar efectivo porque algunos mercados y tabernas pequeñas no aceptan tarjeta.
- Reservar con antelación si viajas en julio o agosto, tanto alojamiento como coche de alquiler.
- Consultar la web del organismo oficial de turismo de Grecia para información actualizada sobre visitas, festivos y accesos a monumentos.
Una cosa que aprendí tarde, y que ojalá alguien me hubiera dicho antes: reserva la visita al Palacio del Gran Maestre con antelación si vas en temporada alta. Cuando llegué el primer día había una cola bastante larga y tuve que volver al día siguiente. Pequeño error que no volveré a cometer.
Rodas es de esas islas que te enganchan sin pedirte permiso. Un día estás pensando que con dos o tres noches tienes suficiente, y de repente te encuentras buscando vuelos de vuelta para el año que viene.


