Cuando el avión empezó a descender hacia La Paz y vi por la ventanilla esa ciudad imposible aferrada a las laderas de los Andes, pensé que me había equivocado de planeta. Casas de colores apiladas unas sobre otras, una autopista suspendida en el aire, y al fondo una montaña nevada que parecía vigilarlo todo. Nadie me había preparado para esto. Llevaba meses leyendo sobre Bolivia, sobre su altiplano, sobre su mercado de las brujas, pero hay cosas que solo entienden tus ojos cuando las ven de verdad. Esta ciudad me atrapó desde el primer segundo, y todavía no estoy segura de haber salido del todo.
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La Paz: una ciudad que desafía todas las leyes
Antes de contarte nada más, necesito que entiendas dónde estás cuando llegas a La Paz. La Paz es la sede del gobierno de Bolivia y, con más de 3.600 metros de altitud en su centro, es considerada la capital administrativa más alta del mundo. Si quieres leer más sobre este récord y su historia, te recomiendo echar un vistazo a su página de Wikipedia, que da bastante contexto. La ciudad real asciende aún más: el vecindario de El Alto, que técnicamente es otra ciudad pero que forma un continuo urbano con La Paz, supera los 4.000 metros.
Lo primero que me pasó al llegar fue el famoso soroche, el mal de altura. No te voy a mentir: los primeros dos días son duros. Dolor de cabeza, cansancio, sensación de que el aire no llega. Mi consejo número uno —ya llegaremos a eso— es tomártelo con calma y no hacer locuras el primer día. Pero una vez que tu cuerpo se adapta, La Paz se convierte en una de las ciudades más fascinantes que he visitado en toda mi vida.
El barrio de Sopocachi y el centro histórico
Empecé explorando el barrio de Sopocachi, que es donde me alojé, y que tiene ese ambiente de ciudad viva y real que tanto me gusta: cafeterías con wifi, mercados locales, murales callejeros, gente que va y viene. Desde ahí caminé hacia el centro histórico, que está declarado Patrimonio Histórico y donde encontré la Plaza Murillo, el corazón político de Bolivia, con el Palacio de Gobierno y la Catedral Metropolitana mirándose de frente. Hay algo en esa plaza que te hace sentir pequeña de una manera bonita.
Las calles del centro son un caos maravilloso. Vendedores ambulantes, minibuses pintados de colores, señoras de pollera con sus sombreros de bombín, el olor a api —una bebida caliente de maíz morado que me tomé cuatro veces en tres días— mezclado con gasolina y especias. La Paz no intenta ser bonita para los turistas. Es auténtica y punto, y eso, para mí, lo es todo.
El mercado de las brujas: magia, plantas y fetos de llama
Si hay un lugar en La Paz que concentra toda la mística y la singularidad de Bolivia, ese es el Mercado de las Brujas, conocido localmente como Mercado de las Ñatitas o simplemente «las brujas». Se encuentra principalmente en la calle Linares, en el barrio de Witches’ Market, cerca de la calle Sagárnaga, y es uno de esos sitios que te deja sin palabras.

Cuando entré por primera vez, tardé varios minutos en procesar lo que estaba viendo. Los puestos, atendidos casi siempre por mujeres conocidas como yatiris —sabias o curanderas en la tradición andina—, ofrecen una mezcla absolutamente fascinante de productos:
- Fetos de llama disecados, que se entierran bajo las casas nuevas como ofrenda a la Pachamama (la Madre Tierra) para traer prosperidad.
- Hierbas medicinales y aromáticas para todo tipo de males, desde el dolor de estómago hasta el mal de amor.
- Amuletos, talismanes y figuras de yeso que representan deseos: casas, coches, parejas, diplomas universitarios.
- Incienso, copal y resinas para rituales de limpieza energética.
- Libros de hojas de coca y otros elementos para la lectura de la suerte.
- Pociones y preparados con nombres que no me atreví a preguntar muy en detalle.
Yo me quedé un buen rato hablando con una de las vendedoras —con mi castellano y su paciencia infinita— que me explicó el significado de la mesa blanca y la mesa negra, dos tipos de ofrendas rituales con propósitos muy distintos. La cosmovisión andina, que mezcla elementos de la religión católica con las creencias precolombinas, está viva aquí de una forma que no he visto en ningún otro lugar. Si te interesa profundizar, la UNESCO tiene documentado el patrimonio inmaterial andino y es una lectura muy recomendable para entender mejor lo que estás viendo.
Cómo comportarse en el mercado de las brujas
Antes de entrar, quiero darte algunos consejos de actitud, porque el mercado de las brujas no es un parque temático:
- Pide permiso antes de fotografiar a las vendedoras o sus puestos. Muchas no quieren que las fotografíen y hay que respetarlo absolutamente.
- Si te ofrecen una lectura de coca o un ritual, puedes aceptar o rechazar con amabilidad, pero no lo tomes a broma. Para quien lo ofrece es una práctica sagrada.
- No toques los productos sin permiso, especialmente los fetos de llama u otros elementos rituales.
- Negocia el precio con respeto si compras algo, pero sin regatear de forma agresiva.
Me compré un pequeño amuleto con forma de rana —símbolo de abundancia, me dijeron— que llevo en la mochila desde entonces. No sé si funciona, pero cada vez que lo veo me acuerdo de esa mañana en la calle Linares y se me dibuja una sonrisa.
El teleférico: la forma más bonita de ver la ciudad
Una de las experiencias que más me sorprendió de La Paz fue su sistema de teleférico urbano, conocido como Mi Teleférico. Es, según tengo entendido, uno de los sistemas de teleférico urbano más largos del mundo, y los paceños lo usan como transporte cotidiano para moverse entre los distintos barrios y niveles de la ciudad.
Yo lo usé principalmente para disfrutar de las vistas, y madre mía, qué vistas. Desde las cabinas puedes ver la ciudad entera extenderse por las laderas, con el Illimani —el pico nevado que vigila La Paz desde los 6.400 metros— asomando por encima de los tejados en los días claros. Es de esas experiencias que no cuestan casi nada y que se te quedan grabadas para siempre.

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Más allá del mercado: qué más ver en La Paz
La Paz tiene mucho más que ofrecer además del mercado de las brujas. Aquí van algunos lugares que no me arrepiento de haber visitado:
- El Valle de la Luna: una formación geológica a las afueras de la ciudad que parece sacada de otro mundo. Agujas de barro erosionadas que se alzan como una miniatura de paisaje lunar. No te lo pierdas.
- El Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF): uno de los mejores museos de Bolivia para entender la diversidad cultural del país. La entrada suele ser muy económica.
- La Calle Jaén: una de las pocas calles coloniales bien conservadas del centro, con varios museos pequeños y mucho encanto.
- El mercado de Rodríguez: un mercado de barrio donde los paceños de toda la vida hacen la compra. Mucho más cotidiano que el de las brujas, pero igualmente fascinante.
- La Basílica de San Francisco: una joya del barroco mestizo americano, frente a una plaza siempre animada.
Y si tienes unos días más, La Paz es la base perfecta para hacer excursiones al Lago Titicaca —compartido con Perú y con una historia prehispánica extraordinaria— o para visitar las Ruinas de Tiwanaku, una de las civilizaciones precolombinas más antiguas y misteriosas del continente, declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.
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Consejos prácticos para viajar a La Paz
Lo que yo le contaría a una amiga antes de su viaje
Oye, si vas a La Paz, quiero que vayas bien preparada. Toma nota:
- La altitud es real. Tómate el primer día con calma, bebe mucha agua, evita el alcohol las primeras 48 horas y no hagas esfuerzos físicos intensos. El mate de coca ayuda, de verdad. Si tienes historial de problemas cardíacos o respiratorios, consulta antes a tu médico.
- Cuándo ir. La temporada seca en Bolivia va, a grandes rasgos, de mayo a octubre, y es el momento más recomendable para viajar. Los inviernos son fríos pero soleados. La temporada de lluvias (noviembre a marzo) puede dificultar algunas excursiones, aunque la ciudad en sí funciona todo el año.
- Moneda. El boliviano es la moneda local. Lleva algo de efectivo porque no todos los sitios aceptan tarjeta, especialmente en mercados y transporte local.
- Presupuesto. Bolivia es uno de los países más económicos de Sudamérica para viajar. Con un presupuesto medio-bajo puedes comer bien, alojarte con comodidad y moverte sin problemas. Los precios suelen rondar cifras muy asequibles comparadas con Europa, aunque conviene consultar las condiciones actuales antes de salir.
- Transporte desde el aeropuerto. El aeropuerto de El Alto está a una altitud aún mayor que el centro de la ciudad. Lo más cómodo es coger un taxi oficial o un transfer contratado con antelación; consulta las opciones actualizadas en la web de turismo de Bolivia o en tu alojamiento.
- Seguridad. Como en cualquier ciudad grande, usa el sentido común: no saques el móvil en cualquier sitio, evita zonas poco transitadas de noche y lleva lo justo encima.
- Idioma. El español es el idioma oficial, pero también escucharás mucho aymara y quechua. Aprender dos o tres palabras en aymara —waliki significa «bien», y la gente lo agradece enormemente— hace maravillas.
- Ropa. El clima en La Paz puede ser extremo en el mismo día: sol de verano al mediodía y frío intenso al atardecer. Lleva capas, chubasquero y algo de abrigo siempre en la mochila.
Ah, y una cosa más: el primer día que salgas a caminar, párate en cualquier mercado y pídete un api con pastel. Es una bebida caliente de maíz morado acompañada de un buñuelo frito. Cuesta casi nada, te entra calor por todo el cuerpo y es el mejor recibimiento que puede darte esta ciudad.


