La Costa Amalfitana: Positano, Ravello y el limoncello con vistas al mar

Recorrí la Costa Amalfitana desde los callejones de Positano hasta los jardines de Ravello, con limoncello y vistas inolvidables al Tirreno.
Italia es un país al que siempre vuelvo, aunque a veces sea solo con la memoria. Me enamora por su mezcla de belleza, caos, arte y placer cotidiano. Recuerdo ciudades como Nápoles, Roma o Florencia, pero también pueblos, carreteras y mesas interminables. Viajar por Italia, para mí, siempre tiene algo emocional, intenso y profundamente disfrutable.

Recorrí la Costa Amalfitana desde los callejones de Positano hasta los jardines de Ravello, con limoncello y vistas inolvidables al Tirreno.

Descubrí el alma de Milán entre el Duomo al atardecer, aperitivos con historia y museos que me enamoraron; mucho más que moda.

Descubrí Bolonia como una de las ciudades más infravaloradas de Italia, entre pórticos medievales, ragù auténtico y una energía que me atrapó desde el primer día.

Descubrí el Lago de Como entre villas de ensueño, ferries entre pueblos y algunos de los paisajes más espectaculares de los Alpes italianos.

Descubrí la Venecia más auténtica entre canales silenciosos, cicchetti en bacari escondidos y el placer de perderme sin mapa.

Recorrí Florencia en 3 días entre los Uffizi, la bistecca alla fiorentina y el Renacimiento al alcance de la mano.

Viajé a Puglia y descubrí los trulli de Alberobello, la ciudad blanca de Ostuni y algunas de las playas más bonitas del sur de Italia.