Vista del centro histórico de Quito con iglesias barrocas y calles empedradas al atardecer

Quito colonial: patrimonio de la humanidad en los Andes

Recorrí el Quito colonial entre iglesias barrocas, mercados y calles empedradas que huelen a historia.

Hay ciudades que te atrapan antes de que hayas terminado de desempacar la maleta. Quito fue exactamente eso para mí: una ciudad que entró por los ojos, por el olfato a incienso y fritanga callejera, y que se quedó grabada en algún lugar entre el pecho y la memoria. Llegué una mañana de martes con el cuerpo algo desorientado por la altitud —estamos hablando de casi 2.850 metros sobre el nivel del mar— y con las expectativas bastante altas después de leer que su centro histórico era el más grande y mejor conservado de América Latina. Spoiler: las expectativas se quedaron cortas.

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Vista del centro histórico de Quito con iglesias barrocas y calles empedradas al atardecer
El centro histórico de Quito, el mejor conservado de América Latina según la UNESCO

Quito y la UNESCO: una historia de reconocimiento merecido

Lo primero que me sorprendió cuando empecé a investigar antes del viaje fue descubrir que Quito fue una de las primeras ciudades del mundo en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, allá por 1978, junto a Cracovia. Puedes leer más sobre este reconocimiento directamente en la página oficial de la UNESCO dedicada a Quito. No es un dato menor: significa que estamos hablando de un lugar que lleva décadas siendo reconocido como un tesoro que merece ser protegido y compartido con el mundo.

El centro histórico de Quito ocupa una superficie considerable y alberga más de un centenar de monumentos entre iglesias, conventos, plazas y edificios civiles. Cuando caminas por sus calles empedradas y miras hacia arriba, ves fachadas que cuentan siglos de historia colonial mezclada con influencias indígenas, un estilo que se conoce como barroco quiteño y que es absolutamente único en el mundo. Yo tardé literalmente tres días en sentir que había visto algo más allá de la superficie, y aun así me quedé con la sensación de que me faltaba tiempo.

Perderse por el centro histórico: la mejor manera de empezar

Mi primer consejo —y lo digo con total convicción— es que reserves tu primera mañana para simplemente caminar sin mapa. O con el mapa guardado en el bolsillo. El centro histórico de Quito es, en gran parte, peatonal o tiene zonas muy transitadas a pie, y la mejor manera de entenderlo es dejándote llevar por sus calles. Yo salí del hotel con un café negro comprado en un puesto callejero y simplemente giré a la derecha. Ese paseo improvisado me llevó a descubrir una placita con un mercadillo de artesanías que no aparecía en ninguna guía, y a cruzarme con una procesión religiosa que salía de una iglesia lateral con velas y flores.

La Plaza Grande: el corazón de todo

Tarde o temprano, todos los caminos del centro histórico llevan a la Plaza Grande, también conocida como Plaza de la Independencia. Es imposible no quedarse parada mirando durante un buen rato: la Catedral Metropolitana al sur, el Palacio de Carondelet —sede del gobierno ecuatoriano— al oeste, el Palacio Arzobispal al norte y edificios históricos cerrando el cuadrado. Hay una energía peculiar en esa plaza: turistas con cámaras, locales que se sientan a leer el periódico, vendedores de lotería, palomas y algún que otro músico callejero. Me senté en uno de los bancos durante casi una hora y me dediqué a observar. Eso también es viajar.

La Iglesia de La Compañía de Jesús: prepárate para quedarte sin palabras

Si hay un lugar en Quito que me dejó literalmente sin habla, ese fue el interior de La Compañía de Jesús. Desde fuera ya es impresionante —su fachada barroca tallada en piedra volcánica es una de las más elaboradas de América Latina— pero cuando cruzas la puerta y tus ojos se adaptan a la luz interior, el efecto es casi de mareo. Se dice que el interior está recubierto con varios kilos de pan de oro, y mirando al techo y a los altares, resulta del todo creíble. Es excesivo, es exuberante, es absolutamente magnífico. Puedes consultar información actualizada sobre visitas en la web oficial del Ministerio de Turismo de Ecuador.

El Convento de San Francisco: la joya silenciosa

Justo enfrente de la plaza que lleva su nombre, el Convento de San Francisco es el conjunto arquitectónico más grande del centro histórico y uno de los más antiguos de toda América del Sur. Yo entré con poca información y salí completamente enamorada del lugar. Los claustros tienen esa quietud que solo tienen los lugares muy viejos y muy habitados: un silencio que se siente espeso, casi tangible. El museo anexo guarda una colección de arte colonial que merece mucho más tiempo del que yo le dediqué. Apúntalo.

Interior barroco dorado de la iglesia de La Compañía de Jesús en el centro histórico de Quito
La Compañía de Jesús: siete toneladas de pan de oro recubren su interior

El arte y la cultura que viven en cada esquina

Uno de los aspectos que más me sorprendió de Quito fue darme cuenta de que el patrimonio no está encerrado en museos: vive en las calles, en los mercados, en las fachadas pintadas de colores pastel. La llamada Escuela Quiteña es una corriente artística que floreció entre los siglos XVI y XVIII y que produjo algunas de las obras religiosas más importantes de América Latina, mezclando técnicas europeas con sensibilidad indígena. Puedes ver sus obras en la Iglesia de San Francisco, en el Museo de Arte Colonial o en prácticamente cualquier iglesia que entres en el centro histórico.

El Museo de la Ciudad: entender Quito antes de recorrerlo

Si pudiese volver atrás, visitaría el Museo de la Ciudad el primer día, antes que nada. Está ubicado en lo que fue el primer hospital de la ciudad, y cuenta de manera muy visual la historia de Quito desde épocas precolombinas hasta el siglo XX. Cuando salí de allí, todo lo que vi después durante los días siguientes tuvo más sentido, más capas, más profundidad. Comprueba sus horarios actuales en su web antes de ir porque suelen tener días de cierre o mantenimiento.

La Ronda: la calle más bohemia del centro

La Calle La Ronda es uno de esos lugares que se han convertido en destino turístico pero que aun así conservan algo genuino. Es una calle estrecha, empedrada, con casas coloniales de balcones floridos, talleres de artesanos, bares pequeños y restaurantes donde puedes tomar una colada morada o un canelazo mientras escuchas música en vivo. Yo fui una tarde y acabé allí hasta tarde de la noche. Hay algo en la escala humana de esa calle, en su dimensión íntima, que invita a quedarse.

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Subir al Panecillo: la vista que lo cambia todo

En lo alto de una colina que domina el centro histórico se alza la Virgen de El Panecillo, una estatua monumental de aluminio que es visible desde casi cualquier punto de la ciudad. Subir hasta allí —en taxi o a pie si tienes piernas y ganas— vale absolutamente la pena por las vistas panorámicas del centro histórico, con sus cúpulas y campanarios sobre el fondo verde de los Andes. Yo llegué justo antes del atardecer y la luz que caía sobre la ciudad era de esas que te hacen desear ser fotógrafa profesional. Lleva abrigo: al caer el sol, el frío se nota.

Desde el Panecillo también se entiende mejor la geografía especial de Quito: una ciudad que se extiende en un valle estrecho y alargado, encajonada entre volcanes y laderas verdes. Hay algo un poco irreal en ver una capital andina de ese tamaño desde arriba. Puedes encontrar más información sobre los atractivos turísticos de Quito en el portal oficial de Quito Turismo.

Plaza Grande de Quito con la catedral metropolitana y edificios coloniales alrededor
La Plaza Grande, corazón político e histórico de la capital ecuatoriana

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Consejos prácticos para visitar Quito: lo que yo le contaría a una amiga

Sobre el presupuesto

  • Quito es una ciudad asequible comparada con destinos europeos o norteamericanos. Los menús del día en restaurantes locales suelen rondar precios muy económicos, y muchas iglesias y espacios culturales tienen tarifas de entrada bastante accesibles o incluso gratuitas en determinados días o franjas horarias. Comprueba siempre la política de entrada antes de ir.
  • Para el alojamiento, el centro histórico tiene opciones para todos los presupuestos: desde hostales en casas coloniales restauradas hasta hoteles boutique con mucho encanto. Yo me quedé en el centro y fue la mejor decisión: podía volver andando a cualquier hora.
  • Lleva siempre algo de efectivo en moneda local (Ecuador usa el dólar estadounidense), porque algunos mercados y vendedores callejeros no aceptan tarjeta.

Sobre el transporte

  • El aeropuerto internacional de Quito está bastante alejado del centro, así que infórmate bien sobre las opciones de traslado antes de llegar: hay servicios de bus exprés, taxis regulados y plataformas de transporte privado. Consulta en la web del aeropuerto las opciones actualizadas.
  • Dentro del centro histórico, lo mejor es ir a pie. Las distancias son manejables y muchas zonas son peatonales o tienen poco tráfico.
  • Para desplazarte entre el centro y otras zonas de la ciudad, el metro de Quito —inaugurado hace relativamente poco— es una opción cómoda y económica. Puedes consultar líneas y tarifas en la web oficial del Metro de Quito.

Sobre la altitud

  • Este es el consejo que más agradecerás: tómate el primer día con calma. Quito está a casi 2.850 metros de altitud y el mal de altura puede afectar incluso a personas que están en buena forma física. El primer día yo caminé despacio, bebí muchísima agua, evité el alcohol y me acosté pronto. Al segundo día ya estaba perfectamente.
  • Si tienes historial de problemas con la altitud, consulta con tu médico antes de viajar. Existen medicamentos preventivos que algunos viajeros usan con buenos resultados.

Sobre la mejor época para ir

  • Quito tiene un clima peculiar: al estar en la línea ecuatorial, las temperaturas son bastante estables durante todo el año (suelen oscilar entre los 10 y los 20 grados aproximadamente), pero hay una estación seca que va, a grandes rasgos, de junio a septiembre, que suele considerarse la mejor época para visitar si quieres más sol y menos lluvia.
  • Dicho esto, el resto del año también es visitable. Las lluvias suelen ser breves e intensas, no interminables, y los días de lluvia tienen su propio encanto entre las calles coloniales.

Sobre la seguridad

  • El centro histórico ha mejorado mucho en términos de seguridad en los últimos años, pero como en cualquier ciudad con afluencia turística, usa el sentido común: no exhibas objetos de valor innecesariamente, lleva una mochila pequeña en la parte delantera y evita callejones poco transitados de noche.
  • Consulta siempre las recomendaciones actualizadas del Ministerio de Asuntos Exteriores de España o de tu país de origen antes de viajar.

Sobre la gastronomía

  • No te vayas de Quito sin probar la fritada, el seco de pollo, las llapingachos y, si tienes estómago aventurero, el caldo de 31. Los mercados del centro, como el Mercado Central, son el mejor lugar para comer barato y auténtico.
  • La bebida caliente local que más me gustó fue el canelazo, una especie de ponche con aguardiente y canela que te calienta por dentro cuando el frío andino aprieta.

Una última cosa que te digo de verdad: deja al menos tres días completos para el centro histórico. No dos. No día y medio. Tres días mínimo, y si puedes cuatro, mejor. Quito es de esas ciudades que van soltando sus capas poco a poco, y con prisas solo arañas la superficie. Date el tiempo que merece.