Volcán Cotopaxi nevado con cielo azul en la Ruta de los Volcanes de Ecuador

La Ruta de los Volcanes en Ecuador: de Quito a Cuenca

Recorrí la Ruta de los Volcanes en Ecuador entre paisajes alucinantes, mercados indígenas y volcanes que quitan el aliento.

Hay viajes que te cambian la forma de mirar el mundo, y este fue uno de ellos. Cuando le dije a mi madre que me iba a Ecuador a «hacer la ruta de los volcanes», me miró como si le hubiera dicho que iba a la Luna. Y entiendo su cara, porque hasta hace unos años yo tampoco sabía bien lo que eso significaba. Hoy, después de haber recorrido ese corredor andino espectacular que une Quito con Cuenca, puedo decirte que es uno de los viajes más impresionantes que he hecho en mi vida. Esta es mi historia, con todo lo que me salió bien, lo que me salió regular y lo que no cambiaría por nada.

¿Ya tienes el alojamiento? Encuentra dónde dormir en Quito →

Volcán Cotopaxi nevado con cielo azul en la Ruta de los Volcanes de Ecuador
El Cotopaxi, uno de los volcanes activos más altos del mundo, vigila la ruta desde su majestuosa altura.

¿Qué es la Ruta de los Volcanes y por qué querrás hacerla?

La Ruta de los Volcanes —conocida también como Avenida de los Volcanes, un nombre que le dio el explorador alemán Alexander von Humboldt en el siglo XIX— es básicamente un corredor natural que atraviesa los Andes ecuatorianos de norte a sur. A ambos lados del camino se levantan decenas de volcanes, algunos nevados, algunos activos, todos absolutamente imponentes. Hablamos de gigantes como el Cotopaxi, el Chimborazo o el Tungurahua, que te observan desde su altura mientras tú intentas no quedarte con la boca abierta permanentemente (spoiler: imposible).

Lo que más me sorprendió es que esta ruta no es solo naturaleza. Es también cultura indígena viva, mercados de colores, haciendas coloniales con siglos de historia y pueblos donde el tiempo parece haberse detenido de la mejor manera posible. Es un viaje con muchas capas, y eso es exactamente lo que lo hace tan especial.

Quito: el punto de partida que ya es un destino en sí mismo

Llegué a Quito con el típico jet lag y una ligera sensación de mareo que tardé un par de días en superar —la ciudad está a más de 2.800 metros de altitud, así que no te saltes el periodo de aclimatación si no quieres pasarlo mal—. Pero en cuanto empecé a pasear por su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el cansancio desapareció casi por arte de magia.

Me pasé un día entero perdiéndome entre iglesias barrocas, plazas animadas y mercados que huelen a canela y naranjilla. La Iglesia de la Compañía de Jesús me dejó sin palabras —es una de las más ornamentadas de toda América Latina— y el mirador del Panecillo, con su Virgen alada de aluminio vigilando la ciudad, me dio una perspectiva perfecta de lo que estaba a punto de recorrer.

Consejo de Sara para Quito

Quédate al menos dos noches en Quito antes de empezar la ruta. Tu cuerpo te lo agradecerá. Y aprovecha para visitar el Monumento a la Mitad del Mundo, donde puedes literalmente poner un pie en cada hemisferio. Es de esas cosas que parecen turísticas y resultan ser genuinamente emocionantes.

Otavalo y sus alrededores: el mercado que no olvidarás

Antes de bajar hacia el sur, hice una escapada al norte para visitar Otavalo, y fue una de las mejores decisiones del viaje. El mercado indígena de Otavalo es uno de los más grandes e importantes de toda América Latina, y cuando dices eso en voz alta parece exagerado hasta que lo ves con tus propios ojos.

Mujeres indígenas con trajes tradicionales en el mercado de Otavalo, Ecuador
El mercado de Otavalo, uno de los más importantes de América Latina, es una parada imprescindible.

Llegué un sábado por la mañana temprano —que es cuando más ambiente hay— y me encontré con un laberinto de colores, texturas y olores absolutamente abrumador. Tejidos de lana, sombreros de paja, pulseras, figuras talladas en madera… y en cada puesto, personas indígenas con sus trajes tradicionales que llevan siglos manteniéndolos con un orgullo que se nota en cada gesto. Compré más de lo que debería haber comprado. Lo asumo sin ninguna vergüenza.

Los alrededores de Otavalo también merecen tiempo: la laguna volcánica de Cuicocha, el pueblo artesanal de Cotacachi famoso por sus trabajos en cuero, o las cascadas de Peguche con un significado espiritual profundo para la comunidad kichwa local. Si tienes tiempo, quédate una noche por allí.

El Cotopaxi: cara a cara con un gigante

De vuelta en la ruta principal, la parada que más había esperado era el Parque Nacional Cotopaxi, hogar del volcán activo del mismo nombre. Con sus más de 5.800 metros de altura y su cono perfectamente nevado, el Cotopaxi es una de esas imágenes que uno guarda en la memoria para siempre.

No soy alpinista ni pretendo serlo, así que no intenté llegar a la cima. Pero sí hice la caminata hasta el refugio José Rivas, que está por encima de los 4.800 metros, y eso ya fue suficiente aventura para mí. Los pulmones protestaron, las piernas también, pero la vista desde allí arriba —con el glaciar encima y la llanura andina extendiéndose hasta el horizonte— fue sencillamente alucinante.

En el parque también puedes hacer ciclismo de montaña, avistamiento de cóndores y recorridos a caballo. Es uno de esos lugares donde da igual lo que hagas porque el paisaje lo convierte todo en algo extraordinario.

🏨 Alojamiento

¿Dónde dormir en Quito?

Compara precios y reserva el hotel perfecto para tu viaje

Ver hoteles →

Baños de Agua Santa: adrenalina y aguas termales

Llegando a Baños de Agua Santa entendí por qué la gente repite este destino una y otra vez. El pueblo está encajonado entre montañas y cascadas, con el volcán Tungurahua asomándose de fondo de forma casi amenazante —y a la vez absolutamente hermosa—. Es un lugar que tiene esa combinación perfecta de aventura y descanso que pocas veces encuentras.

Hice el famoso recorrido en bicicleta por la Ruta de las Cascadas, que sigue el cañón del río Pastaza y te lleva frente a varias cataratas impresionantes, entre ellas la Pailón del Diablo, cuya fuerza y ruido te ponen los pelos de punta. También probé el canopy, el puenting y el columpio del fin del mundo —sí, ese que se asoma literalmente al vacío— y sobreviví para contarlo.

Por la tarde, aguas termales. Porque después de tanto salto y pedaleada, el cuerpo lo necesita y las pilas lo agradecen.

Riobamba y el Chimborazo: el techo del mundo

Desde Baños continué hacia Riobamba, una ciudad tranquila y con mucho carácter que sirve de base perfecta para visitar la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo, donde vive el volcán más alto de Ecuador y, según se mide desde el centro de la Tierra, el punto más alejado del núcleo terrestre del planeta. Sí, técnicamente más alto que el Everest si lo medimos así. Eso me pareció una de las cosas más fascinantes que he aprendido en un viaje.

También aproveché para subir al histórico tren Ecuador —aunque los servicios turísticos cambian con frecuencia, así que te recomiendo consultar la web oficial de Tren Ecuador para conocer las rutas disponibles en el momento de tu visita—. La experiencia de recorrer los Andes en un tren que serpentea entre montañas y pueblos es algo que no tiene precio.

Cúpulas azules de la Catedral de Cuenca con montañas al fondo en Ecuador
El centro histórico de Cuenca fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.

Cuenca: el final del camino más bonito posible

Después de días de volcanes, mercados y adrenalina, llegar a Cuenca fue como un abrazo. La ciudad tiene una energía completamente distinta: más pausada, más contemplativa, con esa elegancia colonial que invita a pasear sin prisa y a tomar café con calma.

Su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1999, y cuando lo recorres entiendes perfectamente por qué. Las cúpulas azules de la Nueva Catedral, los balcones con flores, las calles empedradas, los museos en antiguos conventos… Cuenca tiene una belleza que se te mete dentro sin que te des cuenta.

Me quedé más días de los previstos. Eso siempre es buena señal.

🏨 Alojamiento

¿Dónde dormir en Quito?

Compara precios y reserva el hotel perfecto para tu viaje

Ver hoteles →

Consejos prácticos de Sara (como si te los contara por WhatsApp)

La mejor época para viajar

  • La temporada seca en los Andes ecuatorianos suele ser entre junio y septiembre, ideal para ver los volcanes despejados. Dicho esto, Ecuador tiene microclimas muy caprichosos y puede cambiar el tiempo en cuestión de horas, así que lleva siempre capas.
  • Evita la temporada de lluvias más intensa (especialmente entre enero y abril) si quieres hacer senderismo en alta montaña, porque la visibilidad puede ser pésima.

Transporte

  • Entre ciudades, los autobuses interurbanos son cómodos, frecuentes y muy económicos. Ecuador tiene una red de transporte terrestre bastante buena.
  • Para llegar a lugares como el Parque Nacional Cotopaxi o la Reserva Chimborazo, lo más práctico es contratar una excursión organizada desde la ciudad más cercana o alquilar un vehículo. El transporte público no llega a todos los accesos.
  • Si te interesa la experiencia del tren, consulta con antelación los servicios disponibles en la web oficial de Tren Ecuador, porque los itinerarios cambian.

Presupuesto orientativo

  • Ecuador es un destino bastante asequible para viajeros europeos. Los alojamientos en hostales y hoteles de gama media suelen rondar precios muy razonables. Las comidas en restaurantes locales y mercados pueden salirte por muy poco.
  • Las entradas a parques nacionales como Cotopaxi o Chimborazo tienen un precio que varía según si eres residente o extranjero. Consulta las tarifas actualizadas directamente en las webs del Ministerio de Ambiente de Ecuador.
  • Lleva siempre algo de efectivo en dólares (Ecuador usa el dólar americano), porque en muchos pueblos pequeños y mercados no aceptan tarjeta.

Altitud: el tema que nadie quiere hablar y hay que hablar

  • El mal de altura es real. Quito, Riobamba y Cuenca están todas por encima de los 2.500 metros. Tómatelo con calma los primeros días.
  • Bebe mucha agua, evita el alcohol los primeros días y no hagas esfuerzos físicos intensos hasta que tu cuerpo se adapte.
  • Si tienes síntomas persistentes como dolor de cabeza fuerte o náuseas que no ceden, consulta a un médico. No es cosa de aguantar.

Lo que no puede faltar en tu mochila

  • Ropa en capas: en un mismo día puedes pasar de frío polar en el volcán a calor tropical en el valle.
  • Protector solar de factor alto. La radiación UV a estas altitudes es mucho más intensa de lo que parece.
  • Calzado de trekking si piensas hacer rutas en los parques nacionales.
  • Un poncho impermeable. La lluvia aparece sin avisar.

Ah, y una última cosa: ve sin prisa. Esta ruta se puede hacer en pocos días si vas muy justo, pero si puedes dedicarle dos semanas o más, hazlo. Cada pueblo, cada mercado y cada volcán merece tiempo de verdad. Yo me arrepentí de haber pasado demasiado rápido por Riobamba, y eso no te lo deseo.