Hay ciudades que te preparan para algo bonito y luego te sorprenden igualmente. Praga es de esas. Yo llegué pensando que ya sabía lo que me iba a encontrar —torres góticas, cervezas baratas, mucho turista— y me fui completamente rendida a una ciudad que tiene una profundidad histórica y una belleza arquitectónica que cuesta procesar en solo cuatro días. Pero esos cuatro días, bien aprovechados, dan mucho de sí. Te cuento cómo los viví yo.
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Por qué Praga sigue mereciendo la pena (aunque todo el mundo la conozca)
Sí, Praga está de moda. Sí, hay grupos de despedidas de soltero y colas en el Puente de Carlos. Pero también hay rincones en Malá Strana donde el silencio de las adoquines mojados te hace sentir que has viajado varios siglos atrás, y callejuelas en Vinohrady donde los locales toman café como si el mundo no existiera. La Ciudad de las Cien Torres, como la llaman, no ha perdido su alma. Solo hay que saber buscarla.
Lo que más me sorprendió fue comprobar que Praga no vive únicamente de su Edad Media. Tiene una herencia art nouveau impresionante, una escena cultural muy viva y una gastronomía que va mucho más allá del svíčková y el cerdo con knedlíky, aunque esos también merecen su momento de gloria.
Día 1: La Ciudad Vieja te va a dejar sin palabras
Empecé, como casi todo el mundo, por la Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí). Llegué pronto por la mañana, antes de que la plaza se llenara, y me alegré muchísimo de haberlo hecho. El Reloj Astronómico —que data del siglo XV y es uno de los más antiguos en funcionamiento del mundo— tiene algo hipnótico incluso cuando ya has visto mil fotos de él. Consulta los horarios actuales de la torre en la web oficial de turismo de Praga porque merece subir arriba para tener esa primera vista panorámica de la ciudad.
Por la tarde me perdí por el barrio de Josefov, el antiguo gueto judío. Es uno de esos lugares que te remueve por dentro. El Cementerio Judío Antiguo, con sus lápidas apiladas en capas, y las sinagogas históricas —entre ellas la Sinagoga Antigua-Nueva, considerada una de las más antiguas de Europa— cuentan una historia de resistencia y dolor que no te deja indiferente. Si te interesa profundizar, la UNESCO reconoce el centro histórico de Praga como Patrimonio de la Humanidad desde 1992, y Josefov forma parte de esa declaración.

Día 2: El Castillo de Praga y Malá Strana
El Castillo, mejor en las primeras horas
El Castillo de Praga (Pražský hrad) es el castillo medieval más grande del mundo en superficie, según recoge su propia ficha en Wikipedia. Eso lo dice todo. Yo subí andando desde el barrio de Malá Strana por las escaleras del jardín, que son mucho más bonitas que llegar en metro, y llegué al recinto antes de las nueve de la mañana. La diferencia con las horas punta es brutal.
Dentro del complejo, lo que más me impactó fue la Catedral de San Vito: sus vidrieras de colores, algunas diseñadas por Alfons Mucha, son de una belleza casi irreal. El Callejón del Oro, donde supuestamente vivió Franz Kafka durante un tiempo, es pequeño pero muy atmosférico. Los precios de entrada al recinto suelen variar según el circuito que elijas, así que revisa la web oficial del Castillo de Praga antes de ir.
Malá Strana: el barrio que nadie quiere irse
Bajé caminando hasta Malá Strana («la Ciudad Pequeña») y me quedé una hora larga simplemente paseando. Los palacios barrocos, los jardines escondidos, las iglesias con olor a cera… Es el barrio más romántico de Praga, sin duda. Y cruzar el Puente de Carlos al atardecer, con las estatuas de los santos iluminadas y el Vltava reflejando los últimos colores del día, es una de esas experiencias que no se pueden describir bien con palabras. Solo hay que ir.
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Día 3: Vinohrady, Žižkov y la Praga que vive de verdad
El tercer día lo dediqué a alejarme del circuito turístico y meterme en los barrios donde vive la gente. Vinohrady es precioso: avenidas con edificios de arquitectura fin de siècle, cafeterías independientes y una sensación de barrio residencial muy agradable. Desayuné en una de esas cafeterías de especialidad que han proliferado en los últimos años y fue uno de los mejores momentos del viaje, de los que no salen en ninguna guía.
Desde allí me acerqué a Žižkov, famoso por su Torre de Televisión con los bebés reptantes de David Černý escalando por su fachada. Es rara, inquietante y completamente fascinante. Černý, por cierto, tiene instalaciones por toda la ciudad que merece la pena ir buscando: son una forma muy divertida de explorar Praga de forma diferente.
Por la noche, cené en un restaurante checo tradicional en esta zona y pedí svíčková —el solomillo de ternera con salsa de nata y knedlíky— que es básicamente el plato nacional no oficial. Si solo vas a comer una cosa checa de verdad, que sea esa.
Día 4: El Barrio Nuevo y el arte nouveau que enamora
Para el último día guardé el Barrio Nuevo (Nové Město) y la zona de la calle Wenceslao. No es la parte más pintoresca visualmente, pero tiene mucho que contar históricamente: desde las revoluciones del siglo XX hasta la Primavera de Praga. El Museo Nacional, al fondo de la plaza, acaba de terminar una gran restauración y su interior merece una visita.
Y para terminar con algo especial: el Café Municipal (Obecní dům), un edificio de 1912 que es quizás el mejor ejemplo de art nouveau de la ciudad. Tomar un café allí, aunque sea un poco más caro que en cualquier otro sitio, es uno de esos lujos que se perdonan fácilmente. La decoración te deja con la boca abierta.

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¿Cuándo ir?
La mejor época es la primavera (abril-mayo) y el principio del otoño (septiembre-octubre). El verano tiene mucho turismo y puede hacer calor. El invierno es precioso si no te importa el frío, y los mercados de Navidad son una experiencia en sí mismos. Yo fui en otoño y el ambiente era perfecto: colores en los árboles, poca cola en los sitios y temperatura muy agradable para caminar todo el día.
¿Cómo moverse?
- El metro de Praga es eficiente, limpio y fácil de entender. Tiene tres líneas que cubren bien la ciudad.
- El tranvía es el medio de transporte más bonito y útil para moverse entre barrios céntricos. Coge el 22 para subir hacia el Castillo.
- El centro histórico se recorre perfectamente a pie. De hecho, caminar es la mejor forma de descubrirlo.
- Los billetes de transporte se pueden comprar en máquinas del metro, en estancos (trafika) y a veces con tarjeta directamente. Consulta las opciones actuales en el sitio oficial del transporte público de Praga.
¿Cuánto dinero necesito?
Praga usa la corona checa (CZK), no el euro, y eso sorprende a mucha gente. Cambia dinero en una de las casas de cambio del centro (evita las del aeropuerto y las que están justo en la plaza, que suelen tener peores tipos). En cuanto al presupuesto diario, depende mucho de tu estilo de viaje: comer en restaurantes locales, trasladarte en transporte público y entrar a algunos museos puede salirte por unos 50-70 euros al día como orientación general, pero varía bastante. Los restaurantes más turísticos del centro cuestan más del doble que los que están dos calles más atrás.
¿Dónde alojarse?
- Ciudad Vieja y Josefov: lo más céntrico, ideal si quieres estar en el corazón de todo. Más caro.
- Malá Strana: romántico y tranquilo por la noche, muy bien ubicado para el Castillo.
- Vinohrady: más local, precios más asequibles y muy bien conectado en metro y tranvía. Mi recomendación si quieres vivir Praga de otra manera.
Otras cosillas que me hubiera gustado saber antes
- El agua del grifo es potable. Llevar botella reutilizable te ahorra dinero y plástico.
- En muchos sitios turísticos te ofrecerán pagar en euros: di siempre que prefieres pagar en coronas checas para evitar que te apliquen un tipo de cambio desfavorable.
- Los domingos por la mañana la Ciudad Vieja está casi vacía. Si tienes una mañana libre, aprovéchala para pasear sin agobios.
- Praga tiene una escena de música clásica y ópera muy accesible. Suelen ofrecerse conciertos en iglesias y palacios a precios razonables. Busca opciones en la web oficial de turismo para ver la programación de tu fecha.
Si te quedo con un solo consejo, es este: madruga. Praga con luz de madrugada, cuando solo se oyen tus pasos sobre los adoquines y el Vltava refleja las farolas, es una versión completamente diferente de la ciudad. Y esa versión vale mucho más que cualquier foto que hayas visto antes de llegar.