Bodega de diseño moderno rodeada de viñedos en La Rioja Alavesa

La Rioja Alavesa: bodegas de arquitectura vanguardista y vino de autor

Descubrí La Rioja Alavesa entre bodegas de arquitectura espectacular, vinos de autor y paisajes que me enamoraron entre viñedos dorados.

Hay destinos que te atrapan antes incluso de llegar. A mí me pasó con La Rioja Alavesa cuando vi por primera vez una fotografía de esa bodega que parece una nave espacial aterrizando entre hileras de viñedos. Desde ese momento supe que tenía que ir. Y fui. Y lo que encontré superó con creces cualquier expectativa que pudiera tener: arquitectura que corta la respiración, vinos que cuentan historias, pueblos medievales que parecen salidos de un cuadro y una cultura del vino tan profunda que se te mete en la sangre casi sin darte cuenta. Si estás pensando en un viaje diferente dentro de España, este rincón del País Vasco tiene algo muy especial que ofrecerte.

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Bodega de diseño moderno rodeada de viñedos en La Rioja Alavesa
La arquitectura de las bodegas riojanas es tan impresionante como sus vinos

¿Qué es exactamente La Rioja Alavesa y por qué importa?

Antes de contarte todo lo que viví, déjame situarte un poco. La Rioja Alavesa es una comarca de la provincia de Álava, en el País Vasco, que forma parte de la Denominación de Origen Calificada Rioja, la primera DOCa de España. Aunque geográficamente pertenece al País Vasco, comparte denominación vinícola con La Rioja y Navarra. Es una franja de tierra que discurre entre el río Ebro al sur y la Sierra de Cantabria al norte, protegida de los vientos atlánticos por esa barrera montañosa, lo que crea un microclima perfecto para la viticultura.

Lo que hace única a esta comarca no es solo el vino, que ya de por sí sería motivo suficiente para visitarla. Es la combinación de tradición milenaria con arquitectura de vanguardia absoluta. Aquí conviven bodegas subterráneas del siglo XII con edificios firmados por algunos de los arquitectos más reconocidos del mundo. Esa tensión entre lo antiguo y lo nuevo es lo que da a La Rioja Alavesa su carácter tan peculiar.

Las bodegas que me dejaron sin palabras

Este fue, sin duda, el epicentro de mi viaje. Había leído sobre las bodegas de diseño, pero verlas en persona es otra historia. Aquí te cuento las que más me impactaron:

Bodegas Ysios: cuando la arquitectura bebe del paisaje

Bodegas Ysios, en Laguardia, es probablemente la imagen más icónica de este fenómeno arquitectónico. Fue diseñada por Santiago Calatrava y su cubierta ondulada de aluminio imita visualmente las crestas de la Sierra de Cantabria que tiene justo detrás. La primera vez que la ves, aunque sea de lejos, produces un sonido involuntario. Algo entre el asombro y la incredulidad. Por dentro, el espacio es igual de dramático: una nave central con una estructura de madera que recuerda a las costillas de un barco invertido.

Los vinos de Ysios están elaborados exclusivamente con uva tempranillo de viñedos propios, y tienen ese carácter elegante y frutal que caracteriza a la comarca. La visita guiada incluye, habitualmente, una cata de sus referencias principales. Consulta los horarios y disponibilidad actuales en su web oficial antes de reservar, ya que suelen requerir reserva previa.

Bodegas Marqués de Riscal: el Guggenheim del vino

Si Ysios me impactó, Marqués de Riscal directamente me dejó sin habla. Este proyecto, ubicado en Elciego, fue encargado al genio canadiense Frank Gehry, el mismo arquitecto detrás del Museo Guggenheim de Bilbao. El resultado es una explosión de titanio, acero y color: láminas doradas, plateadas y rosadas que se curvan y ondulan sobre los edificios históricos de la bodega, que datan del siglo XIX. El contraste entre la piedra antigua y el metal contemporáneo es absolutamente delirante, en el mejor sentido posible.

Dentro del complejo hay un hotel de lujo y un restaurante con estrella Michelin. Incluso si no te alojas ni comes allí, solo pasear por los alrededores y ver el edificio desde distintos ángulos ya merece el desplazamiento. Los precios de las visitas y catas suelen rondar distintas franjas según la experiencia elegida; consulta siempre su web para opciones actualizadas.

Bodegas Baigorri: el subterráneo de cristal

Menos conocida por el gran público, pero para mí fue una de las visitas más impresionantes. Bodegas Baigorri, en Samaniego, fue diseñada por el arquitecto Iñaki Aspiazu. El concepto es radicalmente diferente: desde fuera apenas se ve nada, porque el edificio es prácticamente invisible. Todo ocurre bajo tierra, en siete niveles que descienden siguiendo la pendiente natural del terreno. Cada planta está conectada por rampas, sin usar bombas en ningún momento del proceso vinícola, aprovechando solo la gravedad. El último nivel, el más profundo, tiene una pared de cristal que da directamente al Ebro. Tomar una copa de vino allí abajo, con esa vista, es una experiencia que no se olvida fácilmente.

Vista del pueblo medieval de Laguardia con viñedos al fondo en Álava
Laguardia se alza sobre la llanada alavesa como un vigía entre viñedos

Laguardia: un pueblo medieval que enamora

No se puede visitar La Rioja Alavesa sin pasar tiempo en Laguardia. Este pueblo amurallado del siglo X se asienta sobre una colina y tiene toda la pinta de haber detenido el tiempo en algún punto de la Edad Media. Sus calles empedradas, sus murallas, su iglesia de Santa María de los Reyes con esa portada policromada del siglo XIV que conserva los colores originales… todo en Laguardia te invita a caminar sin prisa y mirar con atención.

Pero lo que más me sorprendió fue lo que hay debajo del pueblo. Laguardia tiene una red de bodegas subterráneas excavadas en la roca que se extiende por debajo de sus calles. Muchas son medievales y se usaban para conservar el vino a temperatura constante. Hoy algunas funcionan como bodegas activas, otras como museos o espacios de degustación. Puedes acceder a algunas de ellas a través de visitas guiadas organizadas desde la oficina de turismo de Laguardia.

Desde las murallas, las vistas sobre el mar de viñedos son espectaculares en cualquier época del año, pero especialmente en otoño, cuando las hojas de las vides se tiñen de dorado y rojo.

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El vino de autor: cuando el viticultor pone su alma en cada botella

Más allá de las grandes bodegas de arquitectura espectacular, La Rioja Alavesa tiene una escena de vino de autor que me pareció fascinante. Son pequeños productores, muchas veces con viñedos viejos de más de cuarenta o cincuenta años, que elaboran vinos en cantidades pequeñas, con una filosofía más cercana a la artesanía que a la producción industrial.

Estos viticultores suelen trabajar con variedades autóctonas como la tempranillo, la garnacha o la viura, y muchos apuestan por la agricultura ecológica o biodinámica. El resultado son vinos con personalidad, con ese concepto que los franceses llaman terroir: la expresión del lugar concreto donde nace la uva. Algunos de estos pequeños productores abren sus puertas a visitas y catas privadas bajo reserva previa, lo que convierte la experiencia en algo mucho más íntimo y personal.

Si te interesa profundizar en esta faceta, el portal de enoturismo de La Rioja ofrece información sobre distintas rutas y experiencias organizadas por la zona.

Más allá del vino: qué más hacer en La Rioja Alavesa

Aunque el vino es el protagonista indiscutible, la comarca tiene otros atractivos que no deberías pasar por alto:

  • Los yacimientos de huellas de dinosaurio en Riodelago: La Rioja Alavesa guarda algunos de los rastros de dinosaurios mejor conservados de Europa. Son una sorpresa mayúscula en medio del paisaje vinícola.
  • El Parque Natural de Izki, al norte de la comarca, con robledales centenarios y rutas de senderismo tranquilas y muy bonitas.
  • El pueblo de Elvillar y su entorno, con viñedos centenarios y vistas que no necesitan filtro de Instagram.
  • La gastronomía local: pintxos en los bares de Laguardia, queso de oveja local, verduras de temporada de las huertas cercanas y, por supuesto, pochas con chorizo cuando la temporada acompaña.
  • La ruta de los pueblos medievales, que conecta Laguardia con Labastida, Samaniego, Páganos y otros núcleos con muchísimo encanto.

Copa de vino tinto durante una cata en bodega de La Rioja Alavesa
Cada sorbo cuenta una historia de terroir, pasión y trabajo artesanal

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Cómo llegar

La opción más cómoda es ir en coche propio o de alquiler, porque la comarca no tiene una red de transporte público que permita moverte con libertad entre bodegas y pueblos. Desde Vitoria-Gasteiz, la capital de Álava, la zona es muy accesible. Vitoria tiene aeropuerto propio con conexiones nacionales, y también puedes llegar en tren hasta Vitoria y alquilar coche allí. Desde Bilbao o Logroño también es perfectamente viable en coche.

Mejor época para visitar

Honestamente, La Rioja Alavesa es bonita en cualquier mes del año, pero hay dos épocas que me parecen especialmente mágicas:

  • La vendimia (septiembre y octubre): las vides están cargadas, el ambiente en las bodegas es frenético y el paisaje se llena de colores otoñales que son pura poesía visual.
  • La primavera (abril y mayo): los viñedos brotan con ese verde intenso, el tiempo es agradable para pasear y las carreteras están mucho más tranquilas que en verano.

El verano también funciona bien, pero ten en cuenta que las bodegas más conocidas pueden estar más llenas y conviene reservar con mucha antelación.

Dónde alojarse

Si puedes permitirte una noche en el hotel de Marqués de Riscal, hazlo: es una experiencia en sí misma. Pero si tu presupuesto es más ajustado, Laguardia tiene casas rurales y hoteles pequeños con muchísimo encanto y precios bastante más razonables. También puedes alojarte en Vitoria-Gasteiz y hacer la Rioja Alavesa en visitas de día.

Presupuesto orientativo

Las visitas a bodegas suelen tener un coste que varía mucho según la bodega y la experiencia elegida: desde opciones más básicas con cata incluida hasta experiencias premium de varias horas con maridaje. Los precios suelen rondar desde unos pocos euros para visitas estándar hasta cantidades mayores para experiencias personalizadas o de lujo. Reserva siempre con antelación, especialmente en temporada alta y fines de semana.

Qué tener en cuenta

  • Muchas bodegas exigen reserva previa, incluso para visitas en grupo pequeño. No te presentes sin avisar.
  • Si piensas conducir entre bodegas, organízaos para que alguien sea el conductor designado o plantead usar un servicio de enoturismo con traslados incluidos.
  • Lleva calzado cómodo y ropa en capas: las bodegas subterráneas son frescas incluso en verano y los viñedos se recorren a pie.
  • Algunos de los pequeños productores de vino de autor no tienen presencia en redes ni web propia. Pregunta en la oficina de turismo de Laguardia o en tu alojamiento: suelen conocer perfectamente las joyas escondidas de la zona.

Yo me quedé con ganas de más. Y creo que esa es la mejor señal de que un viaje ha valido la pena. Si vas, guarda un hueco una tarde para sentarte en una terraza de Laguardia con una copa de tempranillo local y sin ningún plan concreto. A veces los mejores momentos de un viaje no están en ninguna guía.