Hay ciudades que te impactan nada más bajar del avión. Cusco es una de ellas. Recuerdo que cuando aterricé en el Aeropuerto Internacional Alejandro Velasco Astete y salí a la calle, lo primero que hice fue detenerme, respirar hondo —o intentarlo, porque a más de 3.400 metros sobre el nivel del mar el aire escasea— y pensar: «Aquí pasa algo especial». No me equivocaba. Cusco no es solo una ciudad bonita del sur de Perú. Es el lugar donde el pasado y el presente conviven con una naturalidad pasmosa, donde una calle colonial puede descansar literalmente sobre cimientos incas de más de 500 años. Si estás pensando en viajar a Perú y todavía no tienes claro si Cusco merece la pena, espera a terminar de leer esto.
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Cusco: mucho más que la puerta a Machu Picchu
Mucha gente llega a Cusco únicamente como escala antes de tomar el tren hacia Machu Picchu. Y lo entiendo, porque esa ciudadela es uno de los lugares más impresionantes que he visto en mi vida. Pero quedarse solo con eso es perderse la mitad de la historia. Cusco fue la capital del Tahuantinsuyo, el Imperio Inca, uno de los imperios más extensos y organizados que ha existido en América. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983, y cuando caminas por sus calles entiendes perfectamente por qué.
Lo que más me sorprendió fue comprobar cómo las bases incas sostienen todavía hoy edificios coloniales españoles. En la calle Hatunrumiyoc, por ejemplo, puedes ver la famosa piedra de los doce ángulos, un bloque de granito tallado con una precisión tan extraordinaria que encaja a la perfección con las piedras adyacentes sin ningún tipo de mortero. Me quedé unos minutos larga delante de ella, pasando los dedos por las juntas, intentando entender cómo fue posible. Nadie lo sabe del todo.
Qué ver en Cusco: mis lugares favoritos
La Plaza de Armas, el corazón de la ciudad
Todo en Cusco gira alrededor de la Plaza de Armas. Fue el centro ceremonial del Imperio Inca —la llamaban Huacaypata— y hoy sigue siendo el punto de encuentro de lugareños y viajeros. La catedral que preside la plaza es imponente: tardaron casi un siglo en construirla y contiene una colección de arte colonial que merece su propio artículo. Lo que no te cuentes visitar es la famosa Última Cena cusqueña, una pintura del artista Marco Zapata en la que los apóstoles cenan con cuy, chicha y otros alimentos andinos. Es uno de esos detalles que mezclan mundos y te hacen sonreír.
Por la noche, la plaza se ilumina y adquiere una atmósfera completamente diferente. Una noche me senté en uno de los cafés con terraza de la parte alta y me tomé un mate de coca mirando cómo la gente paseaba bajo los arcos coloniales. Esos momentos no se pagan con dinero.
El barrio de San Blas: artesanos y vistas
Si hay un barrio que te va a robar el corazón, ese es San Blas. Para llegar hay que subir por callejones empedrados tan estrechos que dos personas apenas caben de frente. Pero el esfuerzo vale cada paso. San Blas es el barrio de los artesanos cusqueños: encontrarás talleres de cerámica, textiles, joyería y madera por todas partes. Yo me traje a casa un pequeño retablo de hojalata que sigue siendo uno de mis recuerdos de viaje favoritos.
La Iglesia de San Blas guarda el llamado púlpito más bello del arte colonial americano, tallado en un único tronco de cedro. No tiene precio —o más bien, el precio es una entrada muy modesta— y te deja literalmente con la boca abierta.
Sacsayhuamán: la fortaleza que mira la ciudad
A unos veinte minutos caminando desde el centro —o en taxi si el soroche ya te está pasando factura— se encuentran las ruinas de Sacsayhuamán, una de las construcciones incas más impresionantes de todo Perú. Algunas de sus piedras pesan cientos de toneladas y fueron trasladadas desde canteras que están a kilómetros de distancia. Cómo lo hicieron es todavía motivo de debate entre arqueólogos e historiadores.
Lo que nadie te dice es que las vistas de Cusco desde ahí arriba son absolutamente espectaculares. Fui al atardecer, cuando la luz se vuelve dorada y la ciudad se extiende abajo como un mapa. Me sentí pequeña de la mejor manera posible.
El Mercado de San Pedro: el Cusco más auténtico
Para entender cómo vive la gente de verdad en Cusco, hay que ir al Mercado de San Pedro. Es ruidoso, colorido, caótico y absolutamente maravilloso. Jugos de frutas que no conocías, quesos andinos, granos de todos los colores, puestos de comida caliente donde los lugareños almuerzan por muy poco dinero. Yo desayuné allí varias veces: un zumo de maracuyá y un pan de queso que todavía recuerdo con cariño.

El Boleto Turístico de Cusco: lo que necesitas saber
Casi todos los sitios arqueológicos y museos importantes de Cusco funcionan con el llamado Boleto Turístico, que te da acceso a varios circuitos de visita. Hay diferentes modalidades: circuito completo, parciales, y algunas combinaciones. Los precios suelen variar según el circuito elegido y si eres residente o extranjero, así que te recomiendo consultarlo directamente en la web oficial del Gobierno Regional de Cusco o en las taquillas oficiales antes de comprar.
Lo que sí puedo decirte es que merece mucho la pena planificarlo bien desde casa, porque algunos circuitos incluyen sitios que están fuera de la ciudad, como el Valle Sagrado, y necesitas tiempo para organizarte.
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La aclimatación al soroche: no la subestimes
Voy a ser sincera contigo porque me hubiera gustado que alguien me lo dijera antes: el soroche, o mal de altura, es real y puede arruinarte los primeros días si no lo gestionas bien. Cusco está a más de 3.400 metros sobre el nivel del mar. Cuando llegué, tenía un dolor de cabeza bastante intenso y me costaba respirar con normalidad al subir escaleras.
Lo que me funcionó a mí:
- Tomar mate de coca desde el primer momento. En Cusco lo encontrarás en cada hotel, restaurante y mercado.
- No hacer actividad física intensa los primeros dos días.
- Beber muchísima agua.
- Comer ligero, especialmente las primeras noches.
- Descansar de verdad el primer día, aunque te mueras de ganas de salir a explorar.
Si vienes desde el nivel del mar, reserva al menos dos días solo para aclimatarte. Tu cuerpo te lo agradecerá.
Dónde comer en Cusco: sabores que no olvidarás
La gastronomía cusqueña es una aventura en sí misma. El cuy —cobaya— es el plato estrella de la cocina andina tradicional y, aunque al principio pueda impresionar, te animo a probarlo al menos una vez. Yo lo pedí en un restaurante del barrio de San Blas y fue una experiencia muy curiosa.
Pero más allá del cuy, Cusco tiene una escena gastronómica sorprendente. Algunos de mis platos favoritos fueron:
- La sopa de quinoa, perfecta para calentar el cuerpo en las noches frías.
- El lomo saltado, que es básicamente perfecto en cualquier lugar de Perú.
- La chicha morada, una bebida de maíz morado que no tiene nada que ver con lo que imaginas.
- El rocoto relleno, un pimiento picante relleno de carne que es el plato de la zona de Arequipa pero que encuentras en toda la región.
Para comer bien sin gastar mucho, los menús del día en los mercados y restaurantes locales son una opción fantástica. Los precios suelen ser muy asequibles y las raciones, generosas.

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¿Cuándo ir a Cusco?
La época seca va de mayo a octubre, y es considerada la mejor temporada para visitar. Los meses de junio, julio y agosto son los más populares —y también los más concurridos y algo más caros en alojamiento—. Si puedes, yo te diría que vayas en mayo o septiembre: el tiempo suele ser estupendo, hay menos gente y los precios son más amables. La temporada de lluvias va de noviembre a marzo, y aunque llueve bastante, tiene su encanto y los paisajes son de un verde intenso precioso.
¿Cómo llegar a Cusco?
Lo más habitual es llegar en avión desde Lima, que es el principal hub internacional de Perú. Los vuelos duran aproximadamente una hora. También puedes llegar en autobús desde otras ciudades del país, aunque los trayectos son largos. Consulta las opciones en la web de PromPerú, la web oficial de turismo de Perú.
¿Cómo moverse por la ciudad?
El centro histórico de Cusco es perfectamente recorrible a pie, siempre que la aclimatación te lo permita. Para los sitios arqueológicos más alejados, los taxis son baratos y abundantes. Negocia siempre el precio antes de subir y usa aplicaciones como InDriver o Uber si quieres evitar sorpresas. También hay colectivos —minibuses compartidos— que van a muchos puntos del Valle Sagrado a precios muy económicos.
¿Cuánto dinero necesito?
Cusco puede adaptarse a casi cualquier presupuesto. Los alojamientos van desde hostales muy económicos hasta hoteles boutique de lujo. La comida en mercados locales es baratísima; en restaurantes turísticos del centro, los precios suben considerablemente. Los precios suelen rondar lo que esperarías de una ciudad turística latinoamericana de primer nivel, así que un presupuesto medio-bajo es perfectamente viable si sabes dónde comer y dormir.
Otras cosas que nadie te cuenta pero importan
- Lleva ropa de abrigo aunque viajes en verano. Las noches en Cusco pueden ser muy frías incluso en julio.
- El sol de altitud quema muchísimo más de lo que crees. Protector solar alto es indispensable.
- Cuidado con los carteristas en las zonas turísticas y en los mercados. Lleva siempre la mochila por delante.
- El soles peruano es la moneda local. Lleva algo de efectivo porque no todos los sitios aceptan tarjeta.
- Si piensas visitar Machu Picchu, reserva las entradas con mucha antelación. Tienen cupos limitados y se agotan.
Y el consejo más personal que puedo darte: dedica al menos tres o cuatro días solo a Cusco, sin contar Machu Picchu. La ciudad se merece ese tiempo. Yo llegué pensando que era un trampolín hacia otras cosas y acabé quedándome más días de los previstos porque sencillamente no quería irme. Hay algo en ese aire escaso y frío, en esas piedras milenarias, en la gente que te saluda con una sonrisa genuina, que te engancha de una manera que es difícil de explicar con palabras. Tienes que vivirlo tú misma.


