Hay viajes que no planeas del todo, que simplemente ocurren. El mío a la Costa Brava catalana fue así: una semana de septiembre, una mochila mediana, el coche lleno de protector solar y la vaga intención de perderme entre acantilados y agua verde turquesa. Lo que no esperaba era encontrar tanto. Desde Girona hasta la frontera francesa, este tramo de costa esconde calas que parecen sacadas de un sueño, pueblos que el tiempo ha tratado con mucha amabilidad y una luz mediterránea que lo convierte todo en fotografía. Si estás pensando en venir, quédate, porque tengo mucho que contarte.
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La Costa Brava que no sale en los folletos
Todo el mundo conoce la Costa Brava de oídas: Tossa de Mar, Lloret, Platja d’Aro… Son destinos populares, y con razón. Pero la Costa Brava tiene otra cara, una que requiere un poco más de esfuerzo para encontrar, y que recompensa con creces ese esfuerzo. Yo llegué con la intención de quedarme lejos de las playas masificadas y me adentré en el tramo norte, ese que discurre entre la provincia de Girona y la frontera con Francia, en el Cap de Creus y sus alrededores.
Esta zona pertenece al Parque Natural del Cap de Creus, el primer parque natural marítimo-terrestre de Cataluña, y eso ya te dice mucho de lo que vas a encontrar: naturaleza casi intacta, senderos que serpentean entre la roca y el mar, y una ausencia de chiringuitos de plástico que se agradece enormemente. El parque tiene su propia web oficial donde puedes consultar rutas y normativas de acceso antes de llegar.
Mis calas favoritas: las que me robaron el corazón
Cala Montjoi: pequeña, salvaje y perfecta
La primera cala que visité fue Cala Montjoi, cerca de Roses. Para llegar hay que bajar por una pista de tierra que pone a prueba la paciencia y los bajos del coche, pero cuando ves el agua… todo tiene sentido. Es de ese azul que no se puede fotografiar con justicia. La arena es gruesa, hay poca sombra natural, así que ve preparada con sombrilla y agua. Lo que sí hay en abundancia es silencio, y ese es el lujo real.
Cala Jugadora y los confines del mundo
Esta cala, en el extremo del Cap de Creus, es de las más difíciles de alcanzar a pie. El camino desde el faro baja entre rocas de pizarra retorcidas por el viento de tramontana, y cuando llegas abajo entiendes por qué los artistas y los poetas llevan siglos enamorados de este paisaje. Salvador Dalí vivió toda su vida mirando este paisaje desde su casa de Portlligat, y yo lo entendí perfectamente el día que me senté sobre una roca a mirar el horizonte durante casi una hora sin que me pareciera tiempo perdido.
Cala Pelosa: el secreto mejor guardado de la zona
Me la recomendó una señora del bar del pueblo con la condición de que no dijera dónde estaba exactamente. Voy a respetar el pacto, pero sí te digo que está en el entorno de Llançà y que el camino para bajar es una pequeña aventura. Poca gente, agua transparente y un silencio tan denso que casi se masca. Vale absolutamente la pena buscarla.

El Camino de Ronda: la mejor manera de descubrir la Costa Brava
Si hay una experiencia que recomendaría por encima de cualquier otra en esta zona, es caminar el Camino de Ronda. Este sendero litoral recorre prácticamente toda la Costa Brava siguiendo la línea de costa, conectando calas, acantilados, faros y pueblos de pescadores. En el tramo norte, entre Portbou y Cadaqués, el paisaje alcanza una intensidad casi irreal.
Yo hice un tramo de varias horas y llegué a tres calas distintas a las que no se puede acceder en coche. Eso es exactamente lo que hace especial al Camino de Ronda: te lleva a lugares a los que solo se puede llegar a pie, lo cual significa que cuando llegas, casi siempre los tienes para ti sola. Puedes consultar los diferentes tramos y mapas en la web oficial de Costa Brava Turisme.
Lo que necesitas saber antes de ponerte las zapatillas
- Lleva calzado con agarre: algunas partes del camino son sobre roca viva y puede estar húmeda.
- El agua es imprescindible: en los tramos más naturales no hay fuentes ni tiendas.
- Consulta el tiempo antes de salir. La tramontana puede aparecer sin avisar y hace el camino mucho más exigente.
- No te fíes solo del móvil para orientarte: descarga los mapas offline o lleva uno en papel.
- Sal temprano por la mañana para evitar el calor y para llegar a las calas antes que nadie.
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Cadaqués: el pueblo que te atrapa
Cadaqués merece un capítulo aparte. Es uno de esos pueblos que te entran por los ojos de golpe: casas blancas, calles empedradas que suben y bajan sin lógica aparente, una iglesia barroca que preside la bahía y un ambiente que mezcla lo auténtico con lo artístico de manera natural. No es casualidad que haya atraído a tantos artistas a lo largo del siglo XX.
La Casa-Museo Dalí en Portlligat está a un paso, literalmente en las afueras del pueblo, y merece muchísimo la visita. Es la casa donde el pintor vivió y trabajó durante décadas, y verla por dentro es entender cómo funciona la mente de alguien que convierte su propia vida en una obra de arte. Es imprescindible reservar con antelación porque el aforo es muy limitado; consulta disponibilidad en la web oficial de la Fundació Dalí.
Yo me quedé dos noches en Cadaqués y podría haberme quedado dos semanas. Por la mañana salía a caminar antes de que se despertara el pueblo, por la tarde buscaba alguna caletilla próxima, y por la noche cenaba en alguno de los restaurantes del paseo mirando cómo el sol se ponía sobre el agua. Hay vidas peores.
Más allá de las playas: la Costa Brava tiene más capas
El Cap de Creus y su paisaje de otro planeta
El Parque Natural del Cap de Creus es el punto más oriental de la península ibérica, y tiene una presencia física que impresiona. Las rocas de esquisto y granito llevan millones de años siendo modeladas por la tramontana hasta adquirir formas que parecen esculpidas a propósito. Según Wikipedia, es uno de los pocos espacios naturales mediterráneos que conserva buena parte de su vegetación original de garriga y matorral.
El faro del Cap de Creus es el punto de llegada obligado: desde allí se ve Francia, se ve el golfo de León y se tiene la sensación exacta de estar al borde del continente. Lo recomendaría a cualquier hora, pero al amanecer tiene algo especial que no sé describir del todo bien.
El Empordà y los pueblos de interior: la Costa Brava tierra adentro
La Costa Brava no es solo mar. El Alt Empordà, la comarca que se extiende hacia el interior desde Girona hasta la frontera, tiene una personalidad propia hecha de viñedos, olivares, masías de piedra y pueblos medievales. Peralada, Castelló d’Empúries o el pueblo amurallado de Monells son paradas que hacen el viaje mucho más rico si tienes un par de días extra.
Y si tienes tiempo, Girona ciudad merece al menos una tarde: el barrio judío, la catedral, los baños árabes y ese paseo de las murallas que te deja con la boca abierta. La web de turismo de Girona tiene toda la información para organizarte la visita.

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¿Cuándo ir?
Mi recomendación sin dudarlo es septiembre o la primera quincena de octubre. El agua sigue estando templada, los precios bajan notablemente respecto al verano, hay mucha menos gente y los caminos de senderismo son mucho más llevaderos sin el calor de agosto. Si puedes evitar julio y agosto, evítalos: las calas más conocidas se llenan hasta un punto en que pierden todo su encanto.
La primavera también es una opción fantástica, sobre todo de mayo en adelante. La vegetación está exuberante, la luz es preciosa y el ambiente es muy tranquilo. El agua estará fría para bañarse, pero para caminar y explorar es perfecta.
Cómo moverse
- El coche es casi imprescindible si quieres acceder a las calas más escondidas. Las pistas de tierra y los caminos secundarios no tienen transporte público.
- Desde Barcelona hasta Girona hay AVE y es muy rápido. Desde Girona puedes alquilar un coche o coger autobuses regionales hasta algunos pueblos de la costa.
- Para moverte entre Cadaqués, Roses y Llançà, hay autobuses de la compañía TEISA; consulta sus horarios actuales en su web porque cambian según la temporada.
- Si vas en temporada alta, aparca fuera de los pueblos costeros y entra a pie o en bicicleta: te ahorrarás tiempo, dinero y algún disgusto.
Dónde alojarse
Las opciones van desde campings directamente sobre la costa (algunos con acceso directo a calas) hasta hoteles con encanto en Cadaqués o casas rurales en el Empordà. Los precios suelen rondar los niveles del mediterráneo español en temporada alta, así que si puedes reservar con antelación, mucho mejor. Busca alojamiento en Cadaqués, Llançà o el Port de la Selva si quieres estar en el tramo más espectacular de la costa norte.
Presupuesto orientativo
- Las calas y el Camino de Ronda son gratuitos. El parque natural no cobra entrada para acceder a pie.
- La Casa-Museo Dalí en Portlligat tiene precio de entrada; consulta las tarifas actuales y la disponibilidad de visitas en la web de la Fundació Gala-Salvador Dalí, ya que el aforo es muy reducido.
- Comer en los restaurantes del paseo de Cadaqués no es barato, pero tampoco tiene que ser una ruina si eliges bien. Los menús del mediodía suelen ser la opción más económica y suelen ser estupendos.
- El alquiler de kayak o paddleboard para explorar las calas desde el mar es una experiencia que vale cada euro; los precios varían según el punto y la temporada.
Una última cosa
Descárgate los mapas offline antes de salir. En muchas calas y en los caminos del Cap de Creus la cobertura desaparece, y hay momentos en que agradeces saber exactamente dónde estás. Yo lo aprendí de la manera difícil, dando vueltas entre pinos con el móvil buscando señal durante veinte minutos que se me hicieron eternos.
Trae ropa de abrigo aunque vayas en verano: la tramontana no avisa, y cuando sopla, sopla de verdad. Y sobre todo, trae tiempo. La Costa Brava entre Girona y la frontera no es un destino para verlo de prisa. Es un sitio para quedarse, para repetir la misma cala tres días seguidos y encontrar algo nuevo cada vez.


