Todavía recuerdo la primera vez que cogí una mochila, compré un billete de avión sin decirle a nadie exactamente adónde iba y me planté en el aeropuerto yo sola, con el corazón entre la garganta y una lista de miedos que ocupaba media libreta. Era septiembre, hacía calor, y tenía la sensación de que todo el mundo me miraba pensando: «¿pero esta chica va sola?». Cinco años después, con decenas de países a las espaldas y una colección de anécdotas que ni el mejor guionista podría inventar, puedo decirte con total honestidad que viajar sola siendo mujer ha sido la mejor decisión de mi vida. No porque sea fácil siempre, sino porque te cambia por dentro de una manera que no tiene vuelta atrás.
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Por qué decidí viajar sola (y por qué no me arrepiento)
La primera vez no fue una decisión valiente ni planificada. Fue, más bien, una necesidad. Mis amigas no podían venir, mi entonces pareja tampoco, y yo llevaba meses con ese viaje en la cabeza. Así que fui. Y lo que descubrí al otro lado del miedo fue algo que no esperaba: una libertad absoluta para decidir, para equivocarse y para sorprenderse. Cuando viajas sola, nadie te arrastra a la tienda de souvenirs cuando tú quieres quedarte dos horas más en ese templo. Nadie tiene hambre cuando tú acabas de sentarte en un banco a ver pasar la vida.
Lo que me enganchó no fue el destino, sino el proceso. Aprender a leer un mapa de metro en un idioma que no entendía, negociar el precio de un taxi con señas y sonrisas, encontrar un restaurante escondido siguiendo simplemente el olfato. Esas pequeñas victorias cotidianas construyen una confianza en una misma que ningún curso de autoestima puede darte.
Los miedos más comunes (y cómo los gestioné yo)
Antes de que me preguntes lo que me pregunta todo el mundo, voy a responderlo directamente: sí, he tenido miedo. Y sí, alguna vez me he metido en situaciones incómodas. Pero también he aprendido que la mayoría de los miedos que tenemos antes de un viaje en solitario son mucho más grandes en nuestra cabeza que en la realidad.
El miedo a la inseguridad
Este es el grande. Y tiene sentido tenerlo, especialmente como mujer. Pero lo que he aprendido es que la seguridad no depende solo del destino, sino de cómo te mueves en él. He viajado a lugares con fama de peligrosos y me he sentido completamente tranquila. Y he estado en ciudades europeas consideradas seguras donde me he sentido incómoda por la noche. La clave está en informarte bien antes de llegar, escuchar tu instinto y no ignorar las señales de alerta.
Antes de cada viaje, consulto siempre las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, que actualiza periódicamente la información sobre seguridad en cada país. Es un recurso que uso cada vez que tengo dudas.
El miedo a la soledad
Paradójicamente, viajar sola es la forma más rápida de no estar sola. Cuando viajas acompañada, te refugias en tu grupo. Cuando vas sola, te abres al mundo. He conocido a personas increíbles en hostels, en vagones de tren, en colas de museos. Algunas siguen siendo mis amigas hoy. La soledad que tanto temía nunca llegó de la forma en que me la imaginaba.
El miedo a no saber apañárselas
Este miedo desaparece en cuanto resuelves el primer problema por ti misma. Y te lo juro: el día que conseguí llegar a mi alojamiento después de que el autobús se fuera antes de hora, sin wifi, en un pueblo donde nadie hablaba inglés, fue uno de los días más orgullosos de mi vida.

Destinos que recomiendo especialmente para empezar a viajar sola
No todos los destinos son iguales para una primera experiencia en solitario. Si estás pensando en dar el paso, te dejo algunos que, en mi experiencia, son especialmente amables con las viajeras que van solas por primera vez.
- Portugal: Cercano, seguro, fácil de recorrer y con una hospitalidad que te llega al alma. Lisboa y Oporto son perfectas para empezar, pero el interior del país guarda joyas que muy pocos descubren.
- Japón: Es quizás el país más seguro que he visitado. La cultura del respeto y la organización hace que viajar sola allí sea una experiencia casi mágica. Además, la gastronomía japonesa, reconocida mundialmente, justifica el viaje por sí sola. Puedes consultar la web oficial de turismo de Japón para planificar tu ruta.
- Islandia: Un destino que impresiona por su naturaleza y que tiene índices de seguridad muy altos. El paisaje volcánico de la isla, catalogado por la propia geografía islandesa, es uno de los más singulares del planeta.
- Eslovenia: Pequeña, verde, tranquila y con una infraestructura turística muy bien organizada. Ljubljana es una ciudad absolutamente disfrutable en solitario.
- Tailandia: Con millones de viajeras en solitario al año, tiene una red de apoyo entre mujeres viajeras enorme. Hay que ir con cabeza, pero es uno de los destinos más completos que he visitado.
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Lo que nadie te cuenta sobre viajar sola siendo mujer
Hay cosas que solo entiendes cuando lo vives. Por ejemplo, que viajar sola te hace mucho más presente. Sin nadie con quien compartir el momento, lo absorbes tú sola. Cada atardecer, cada plato nuevo, cada conversación con un desconocido, se graba de una manera diferente. Más intensa. Más tuya.
También nadie te dice que habrá días malos. Días en los que te sentirás sola de verdad, en los que todo saldrá mal, en los que echarás tanto de menos tu casa que querrás coger el primer vuelo de vuelta. Esos días también son parte del viaje. Y normalmente, al día siguiente, algo pasa que lo compensa todo.
Y nadie te cuenta, tampoco, que vas a volver a casa siendo una persona diferente. No mejor ni peor. Diferente. Con más capas. Con menos miedos. Con más preguntas y, curiosamente, con más respuestas sobre quién eres y qué quieres.
Seguridad práctica: lo que yo hago
Sin caer en el alarmismo, hay una serie de hábitos que he incorporado a mis viajes y que me dan mucha tranquilidad. No son reglas rígidas, son simplemente lo que a mí me funciona.
- Comparto mi ubicación con una persona de confianza, especialmente cuando llego a un lugar nuevo o cuando voy a hacer una ruta por zonas poco frecuentadas.
- Hago copias de todos mis documentos (pasaporte, tarjetas, seguro de viaje) y las guardo en la nube y en papel, en sitios separados.
- Contrато siempre un seguro de viaje. No es negociable para mí. Ha habido veces que lo he necesitado y otras que no, pero dormir tranquila no tiene precio.
- Confío en mi instinto. Si una situación me genera incomodidad, me alejo. Sin explicaciones, sin sentirme maleducada. Eso me ha sacado de más de un momento incómodo.
- Elijo bien el alojamiento para la primera noche. No escatimo en eso. Llegar a una ciudad nueva de noche y tener un sitio seguro y bien ubicado donde descansar marca mucho la experiencia.
- Me informo sobre las costumbres locales antes de llegar. Vestuario, gestos, horarios… Respetarlos no solo es una cuestión de seguridad, sino de respeto hacia la cultura que estás visitando.
La comunidad de mujeres viajeras: un recurso enorme
Una de las cosas que más me ha ayudado a lo largo de estos cinco años ha sido conectar con otras mujeres que viajan solas. Hay grupos en redes sociales, foros y comunidades online donde se comparte información actualizada, advertencias, recomendaciones de alojamientos seguros, y donde puedes encontrar compañía para una ruta o simplemente un consejo de alguien que acaba de estar donde tú vas a ir.
No subestimes este recurso. La sororidad en los viajes es real y es poderosa. He recibido ayuda de mujeres que no conocía de nada y he intentado devolver ese gesto siempre que he podido.

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Consejos prácticos: lo que le contaría a una amiga
Vale, aquí va lo concreto. Lo que yo le diría a una amiga que me escribe un mensaje a las once de la noche diciéndome que quiere viajar sola pero no sabe por dónde empezar.
Presupuesto
- No necesitas un presupuesto enorme para empezar. Destinos como Portugal, los Balcanes o el Sudeste Asiático son opciones muy asequibles si viajas con cabeza.
- Los hostels con habitaciones privadas son un punto intermedio perfecto: más económicos que los hoteles y con la seguridad y privacidad que muchas necesitamos.
- Las aplicaciones de comparación de vuelos te ayudarán a encontrar las mejores tarifas. Sé flexible con las fechas si puedes: volar a mitad de semana suele salir bastante más barato.
- Reserva con antelación los alojamientos para la primera y última noche del viaje. El resto puede quedar más abierto según cómo te vayas sintiendo.
Transporte
- El tren y el autobús suelen ser las opciones más seguras y económicas para moverse dentro de un país. En Europa, el pase Interrail sigue siendo una opción fantástica para recorrer varios países.
- Para los trayectos en taxi o apps de transporte privado, verifica siempre que el vehículo y el conductor coinciden con los datos de la aplicación antes de subir.
- Si alquilas coche, hazlo a través de empresas reconocidas y lee bien el seguro incluido. En países con carreteras muy diferentes a las europeas, valora si realmente lo necesitas.
Mejor época para viajar
- La temporada media o baja suele ser mi favorita. Menos turistas, precios más bajos y, en muchos destinos, un ambiente mucho más auténtico.
- Consulta siempre el clima del destino antes de decidir fechas. Algunas épocas del año pueden hacer que un viaje sea maravilloso o directamente muy complicado, dependiendo de lluvias, monzones o calores extremos.
- Las temporadas de festividades locales pueden ser una razón para ir o para evitar ciertos destinos, según lo que busques. Infórmate en las webs oficiales de turismo de la Organización Mundial del Turismo o en las páginas de turismo de cada país.
Qué llevar (y qué no)
- Viaja ligera. En serio. Llevar mucho equipaje es más cansado, más caro y más vulnerable. Cuanto menos arrastras, más libre te mueves.
- Un candado pequeño para la mochila o la taquilla del hostel. Parece una tontería hasta que lo necesitas.
- Una tarjeta de débito sin comisiones en el extranjero. Hay varias opciones en el mercado que funcionan muy bien para viajeros frecuentes.
- Un powerbank cargado. Tener el móvil sin batería en un lugar desconocido es una situación que puedes evitar fácilmente.
La semana pasada me escribió una chica preguntándome si era muy «rara» por querer viajar sola. Le dije que no, que era muy lista. El mundo es enorme y tú no tienes que esperar a que alguien tenga las mismas ganas que tú para irte a verlo.


