Hay destinos que uno visita con cierta desconfianza. Capri es uno de ellos. Antes de ir, me habían dicho de todo: que estaba masificado, que era carísimo, que la Gruta Azul era una trampa para turistas. Y sin embargo, cuando el hidrofoil cortó las aguas del golfo de Nápoles y apareció ante mí esa silueta de roca caliza y pinos que se recorta contra el cielo azul cobalto, supe que me iba a rendir. Me llamo Sara y este es el relato de cómo Capri me convenció de que hay lugares que merecen exactamente lo que cuestan.
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Por qué Capri sigue siendo un destino de referencia en el Mediterráneo
Podría empezar hablándote de cifras o de estadísticas, pero prefiero contarte lo que vi nada más bajar del barco en el puerto de Marina Grande: una mezcla perfecta de caos italiano y elegancia sin esfuerzo. Señoras con sombreros de paja, yates que harían palidecer a cualquiera, pescadores que descargan su pesca junto a turistas con maletas de diseño. Capri lleva siglos siendo escenario de una vida que se disfruta a toda velocidad y con todos los sentidos.
La isla ha sido refugio de emperadores romanos —el propio Tiberio gobernó el Imperio desde aquí—, musa de escritores como Rilke o Graham Greene, y destino favorito de estrellas de Hollywood desde los años cincuenta. Ese poso histórico se nota en cada rincón. No es un decorado, es una isla que ha acumulado capas de glamour durante siglos y que no necesita esforzarse para transmitirlo.
Capri vs. Anacapri: elige tu ritmo
Lo primero que aprendí al llegar es que Capri no es solo un pueblo: es una isla con dos personalidades. Capri, el núcleo más conocido con su famosa Piazzetta, las boutiques y los restaurantes con vistas al mar, y Anacapri, la localidad de la parte alta, más tranquila, más auténtica y considerablemente más asequible en lo que a precios de terraza se refiere.
Yo me alojé en Anacapri y fue una de las mejores decisiones del viaje. Por las mañanas bajaba en funicular o en bus hacia la Piazzetta, disfrutaba de la animación, y por las noches volvía a la calma de Anacapri, donde los gatos campan a sus anchas y el turismo de masas parece quedar a kilómetros de distancia.
La Gruta Azul: entre el mito y la realidad
Seré honesta contigo: llegué a la Grotta Azzurra con el escepticismo bien puesto. Había leído que las colas eran eternas, que los botes eran diminutos, que la experiencia duraba apenas unos minutos y que el precio era excesivo para lo que ofrecía. Todo eso es verdad. Y también es verdad que cuando entré por aquella abertura diminuta en la roca y vi el interior de la cueva iluminado por esa luz azul imposible, se me escapó un sonido que no sé muy bien cómo describir. Algo entre un suspiro y una exclamación. No me esperaba quedarme sin palabras, y me quedé sin palabras.
La Gruta Azul es una caverna marina en la costa noroeste de la isla. La luz entra por una abertura submarina y se refracta de tal manera que el agua adquiere ese tono azul luminoso e irreal que has visto mil veces en fotografías y que, te lo juro, las fotografías no consiguen capturar del todo. Hay algo en ese azul que parece generado por ordenador, algo sobrenatural que hace que te preguntes si de verdad estás viendo lo que crees que estás viendo.
Cómo funciona la visita a la Gruta Azul
Para llegar, tienes dos opciones principales: desde el puerto de Marina Grande en barco, o desde la costa caminando hasta el punto de embarque. Lo habitual es ir en una embarcación colectiva hasta la entrada de la gruta, donde los barqueros locales —hombres con una pericia increíble para maniobrar en espacios ridículamente estrechos— te recogen en botes de remos y te introducen en la cueva literalmente tumbado para no golpearte con la roca.
La visita al interior dura pocos minutos. Sí, pocos. Pero esos minutos son de los que no se olvidan. El barquero rema despacio, canta, te explica algo en un italiano musical y deja que la luz haga su magia. Cuando salí, el sol de Capri me pareció casi ofensivo después de tanto azul perfecto.
Ten en cuenta que la gruta permanece cerrada cuando el mar está agitado, algo que ocurre con cierta frecuencia. Consulta las condiciones antes de planificar tu día y, si puedes, deja este plan para el día en que la previsión sea de mayor calma marina. Puedes informarte en la web oficial de turismo de Capri.

Más allá de la Gruta: lo que no debes perderte en Capri
Capri tiene mucho más que ofrecer que su cueva más famosa. Durante mis días en la isla, descubrí rincones que no estaban en ninguna lista de los diez imprescindibles y que me llegaron igual o más que la Grotta Azzurra.
Los Jardines de Augusto y la Via Krupp
Los Jardines de Augusto, originalmente creados por el industrial alemán Friedrich Alfred Krupp a principios del siglo XX, ofrecen unas vistas sobre los Faraglioni —esas tres rocas icónicas que emergen del mar— que hacen que todo lo que hayas visto en postal parezca una caricatura. Desde allí se ve también la famosa Via Krupp, una calzada en zigzag tallada en la roca del acantilado que desciende hasta el mar. En determinados períodos está cerrada por desprendimientos, así que comprueba su estado antes de ir.
Los Faraglioni y el arco natural
Si contratas una excursión en barca alrededor de la isla —cosa que recomiendo sin reservas— podrás pasar por debajo del arco natural que forma uno de los Faraglioni. La tradición dice que los enamorados que pasan bajo él tienen el amor asegurado. Yo lo hice sola y no me arrepiento nada: la roca sobre tu cabeza, el agua verde esmeralda debajo y el sol rebotando en todo… es de esas imágenes que se te quedan grabadas.
La Villa Jovis y el pasado imperial
Para los amantes de la historia, la Villa Jovis, la residencia principal del emperador Tiberio en la isla, es una visita obligatoria. Las ruinas están en la parte más alta del este de la isla, lo que significa una caminata de cierta dificultad, pero las vistas desde allí, con el golfo de Nápoles, el Vesubio al fondo y la costa amalfitana dibujándose en la lejanía, justifican hasta el último paso. Puedes encontrar más información en la web de turismo de la Región Campania.
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El glamour de la Piazzetta: sentarse a ver pasar el mundo
No entendería un viaje a Capri sin al menos una tarde en la Piazzetta, la pequeña plaza que actúa como salón social de la isla. Los precios de los cafés son notoriamente elevados —una cafetera puede costarte bastante más de lo que estás acostumbrado en el resto de Italia— pero lo que se compra con ese café no es solo la bebida: es el privilegio de sentarte durante una hora a ver pasar a personas de todo el mundo en un escenario que parece diseñado por un director de cine.
Me pedí un aperol spritz, saqué el cuaderno y estuve escribiendo durante noventa minutos sin que nadie me molestara. Una señora italiana a mi lado leía un libro con unas gafas de sol que probablemente valían más que mi vuelo. Un grupo de japoneses fotografiaba el campanario. Dos adolescentes se hacían selfis con los Faraglioni al fondo. Y yo pensaba que hay lugares en el mundo que funcionan como escenarios perfectos para la vida humana en toda su diversidad, y que Capri es uno de ellos.

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Consejos prácticos de Sara: lo que le contaría a una amiga antes de ir
¿Cuándo ir?
La temporada alta en Capri va de junio a agosto, y en esos meses la isla está literalmente desbordada. Si puedes, ve en mayo o septiembre: el clima sigue siendo magnífico, los precios bajan notablemente y las colas en la Gruta Azul son mucho más llevaderas. Abril también es una opción interesante si no te importa algún día nublado. Los meses de invierno tienen su encanto, pero muchos establecimientos cierran y la Gruta puede estar cerrada con frecuencia por el estado del mar.
Cómo llegar
- Desde Nápoles: hay hidrofoiles y ferries regulares desde el puerto de Molo Beverello. Los hidrofoiles son más rápidos (unos 40-50 minutos aproximadamente) y los ferries más lentos pero más baratos. Los precios suelen rondar los 20-25€ por trayecto en hidrofoil, aunque pueden variar según la temporada.
- Desde Sorrento: también hay conexiones regulares en hidrofoil, y Sorrento es una base excelente si quieres explorar también la costa amalfitana.
- Desde Positano o Amalfi: en temporada alta suelen operar líneas de barco directas. Consulta los horarios actuales en operadoras como Caremar o Alilauro.
Dónde alojarse
- Si quieres glamour y no te importa el precio, los hoteles del pueblo de Capri son imbatibles en ambiente.
- Si buscas algo más tranquilo y asequible, Anacapri es tu sitio. Hay opciones para todos los presupuestos y te libras del ruido nocturno de la Piazzetta.
- También puedes hacer Capri como excursión de un día desde Nápoles o Sorrento si el presupuesto es ajustado. No es lo ideal, pero sí es posible.
Presupuesto orientativo
- Capri no es un destino barato. Comer en un restaurante estándar del centro puede rondar los 30-50€ por persona sin vinos. En Anacapri, los precios son más razonables.
- La Gruta Azul tiene un precio de entrada más el coste del bote de remos al interior. Los precios suelen rondar los 15-20€ en total, pero verifica siempre la información actualizada en la web de turismo local.
- El funicular entre Marina Grande y el pueblo de Capri tiene un precio simbólico pero las colas en temporada alta pueden ser desesperantes. Los autobuses locales son una alternativa válida.
Consejos de última hora que nadie te cuenta
- Madruga. La isla se transforma entre las 8 y las 10 de la mañana, antes de que lleguen los barcos cargados de excursionistas. Ese par de horas de Capri tranquila no tienen precio.
- Lleva ropa cómoda para caminar. Muchos de los mejores rincones requieren subir escaleras o caminos de piedra, y los tacones en Capri son un suicidio artístico aunque la estética local invite a ponérselos.
- Si quieres hacer la Gruta Azul, no lo dejes para el último día: si el mar no acompaña, no habrá visita y no hay reembolso del traslado.
- El agua del grifo en la isla no siempre es potable, o al menos no tiene buen sabor. Lleva botella reutilizable y recárgala en los establecimientos.
- La señal de móvil puede ser irregular en algunas zonas. Descarga mapas offline antes de salir del alojamiento.
Yo tardé demasiado en ir a Capri por miedo a que la realidad no estuviera a la altura de la leyenda. Si estás en la misma situación que estaba yo, te digo lo mismo que me hubiera gustado que alguien me dijera antes: ve, y deja que te sorprenda.


