Peregrinos saliendo de Saint-Jean-Pied-de-Port al amanecer con mochilas

El Camino de Santiago francés: desde Saint-Jean-Pied-de-Port

Recorrí el Camino de Santiago francés desde Saint-Jean-Pied-de-Port y aquí te cuento todo lo que necesitas saber antes de ponerte las botas.

Había pensado en hacer el Camino de Santiago durante años. Lo tenía en esa lista mental de «algún día» que todos tenemos y que rara vez se convierte en realidad. Pero un septiembre decidí que ese algún día era ese año, me compré unas botas de trekking que tardé demasiado en amoldar, hice una mochila que pesaba más de lo que debería y me planté en Saint-Jean-Pied-de-Port con más nervios que experiencia. Lo que vino después cambió bastante más que mi forma de caminar.

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Peregrinos saliendo de Saint-Jean-Pied-de-Port al amanecer con mochilas
El primer paso desde Saint-Jean-Pied-de-Port: el momento en que todo empieza.

¿Por qué empezar el Camino Francés desde Saint-Jean-Pied-de-Port?

Saint-Jean-Pied-de-Port es un pueblo del País Vasco francés, justo al pie de los Pirineos, y es el punto de partida más clásico y concurrido del Camino de Santiago Francés, también llamado Camino Francés o Camino Jacobeo Francés. No es el único punto de inicio posible, pero hay algo en salir desde aquí que lo convierte en una experiencia completa: cruzas los Pirineos a pie el primer día, entras en España por Roncesvalles y de alguna forma eso te mete de lleno en el viaje desde el primer momento.

El Camino de Santiago está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es una de las rutas de peregrinación más antiguas de Europa. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando miles de peregrinos cruzaban el continente para venerar las reliquias del apóstol Santiago en la catedral de Compostela. Hoy en día la motivación de cada peregrino es diferente, pero la ruta sigue siendo la misma.

La Oficina de Acogida de Peregrinos de Saint-Jean-Pied-de-Port es tu primera parada obligatoria. Allí te sellan la credencial del peregrino (el documento que acredita tu paso por el camino y que necesitarás para obtener la Compostela al final) y te dan información sobre el estado del Puerto de Ibañeta, que en algunas épocas del año puede estar cerrado por nieve o niebla. Consulta siempre el estado de la ruta en la web oficial de Turismo de España antes de salir.

La primera etapa: cruzar los Pirineos

No voy a engañarte: la primera etapa del Camino Francés, de Saint-Jean-Pied-de-Port a Roncesvalles, es dura. Es la etapa más exigente físicamente de todo el camino para la mayoría de peregrinos, y eso siendo la primera. El desnivel es considerable y si has elegido la ruta por el Puerto de Ibañeta (la más popular y la más bonita), la subida es constante durante varias horas.

Yo salí antes del amanecer porque quería aprovechar las horas más frescas. Recuerdo que el cielo estaba completamente estrellado cuando atravesé la Puerta de España, el arco de piedra por el que salen los peregrinos del casco histórico. Los primeros kilómetros por el valle de Valcarlos son suaves y te dan una falsa sensación de confianza. Luego empieza la subida de verdad.

Lo que me encontré fue una mezcla de esfuerzo físico real y una belleza que quitaba el aliento, literalmente. Vacas con cencerros pastando entre la niebla, el olor a hierba mojada, vistas de los Pirineos que no caben en ninguna foto. Y peregrinos de todas las nacionalidades, edades y condiciones físicas, todos caminando en la misma dirección con esa mezcla de determinación y asombro que caracteriza los primeros días del camino.

Cuando llegué a Roncesvalles me temblaban las piernas y tenía una ampolla que aún no quiero recordar, pero me senté en los escalones del Real Colegiata de Roncesvalles con una sonrisa de oreja a oreja. Había cruzado los Pirineos. El camino acababa de empezar.

Peregrinos cruzando la meseta castellana durante el Camino Francés de Santiago
La meseta puede parecer interminable, pero tiene una magia difícil de explicar.

El Camino Francés etapa a etapa: lo que nadie te cuenta

El Camino Francés tiene unas 800 kilómetros aproximados de recorrido total, aunque la distancia exacta varía según las fuentes y las variantes que escojas. La mayoría de peregrinos lo completan en torno a un mes si caminan cada día, aunque hay quien lo hace más rápido o más despacio. Te cuento lo que más me marcó de las distintas secciones:

Navarra y La Rioja: el arranque

Tras Roncesvalles, el camino pasa por Pamplona, ciudad que todos conocen por los Sanfermines pero que tiene muchísimo más que ofrecer. La muralla medieval, el casco antiguo, el ambiente de los bares… Si llegas un domingo por la mañana, la ciudad tiene una calma preciosa antes de que despierte del todo.

La Rioja llega después y con ella los viñedos. Caminar entre vides en otoño, con los colores cambiando, es uno de esos regalos visuales que el camino te da sin avisar. Logroño merece una parada larga, aunque sea para tomarte un vino en la Calle Laurel.

La meseta castellana: el camino interior

Mucha gente me había advertido de la meseta: «es aburrida», «no hay nada que ver», «te va a matar el aburrimiento». Mentira. O al menos, no del todo. La meseta entre Burgos y León es lo que más me costó físicamente (el sol, el viento, la monotonía del horizonte), pero también fue donde tuve las conversaciones más profundas y los momentos de mayor silencio interior.

Hay algo en caminar durante horas sin nada que distraiga la vista que obliga al cerebro a hacer cosas que normalmente evita. Yo procesé cosas que llevaba tiempo posponiendo. Si eso es o no «espiritual» es algo que cada uno tiene que decidir por sí mismo.

No te saltes Burgos ni su catedral gótica, que está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Merece que te quedes más de lo que dicta el ritmo del camino.

Galicia: el tramo final

Cuando cruzas O Cebreiro y entras en Galicia, algo cambia en el ambiente. El verde se vuelve más intenso, el aire huele diferente, los hórreos y las aldeas de piedra te recuerdan que estás en otro mundo. Los últimos días antes de llegar a Santiago son emocionalmente muy intensos, aunque no siempre de forma evidente.

Yo llegué a la Plaza del Obradoiro un miércoles por la mañana. No lloré, aunque muchos peregrinos sí lo hacen. Me quedé quieta un buen rato mirando la fachada de la Catedral de Santiago de Compostela sin saber muy bien qué sentir. Es una mezcla extraña de alivio, tristeza y una sensación de «¿y ahora qué?» que nadie te prepara para gestionar.

Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela con peregrinos en la plaza
Llegar a la Plaza del Obradoiro es uno de esos momentos que no se olvidan.

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La vida en los albergues: lo mejor y lo peor del camino

Los albergues de peregrinos, llamados también hostales jacobeos, son parte esencial de la experiencia. Dormir en literas con desconocidos, compartir la cocina, escuchar ronquidos que podrían despertar a una aldea entera… todo eso forma parte del camino tanto como las etapas en sí.

Lo que más me gustó de los albergues fue la comunidad que se forma de manera espontánea. En tres días con las mismas personas puedes llegar a conocerlas mejor que a gente con quien llevas años. Hay algo en la vulnerabilidad compartida (el cansancio, las ampollas, la mochila pesada) que elimina las barreras sociales muy rápido.

  • Los albergues públicos (municipales) suelen ser los más económicos y tienen plazas limitadas: llega pronto o reserva con antelación.
  • Los albergues privados ofrecen más comodidades (a veces habitaciones con menos literas, duchas más tranquilas) y los precios suelen rondar los 15-25 euros por noche, aunque conviene verificarlo en cada caso.
  • En temporada alta (julio y agosto, especialmente) las plazas se agotan. Valora reservar con antelación en los tramos más concurridos.
  • Lleva tapones para los oídos. No es opcional, es supervivencia.
  • La etiqueta del albergue es importante: silencio nocturno, respetar los espacios comunes y no encender luces cuando los demás duermen.

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Consejos prácticos de Sara: lo que te diría tomando un café

Si estuviéramos sentadas juntas ahora mismo, esto es lo que te contaría sin filtros:

¿Cuándo ir?

La mejor época para el Camino Francés, en mi opinión, es primavera (abril-junio) y principios de otoño (septiembre-octubre). En primavera el paisaje es espectacular y no hay tanto calor. En otoño los colores son increíbles y hay algo menos de gente que en verano. Julio y agosto son los meses más concurridos, con muchísimos peregrinos, más calor y albergues que se llenan muy rápido. Yo fui en septiembre y lo repetiría sin dudarlo.

Evita el invierno si es tu primer camino: algunas etapas pueden ser complicadas por el frío, la lluvia y el cierre de servicios.

¿Cuánto dinero necesitas?

Depende mucho de tu estilo de viaje. Llevando un ritmo de albergues públicos, cocinando cuando es posible y sin grandes lujos, los gastos diarios suelen rondar los 30-40 euros (albergue, comida, algún café y sellado de credencial). Si prefieres más comodidad, hoteles pequeños o cenas más elaboradas, el presupuesto sube considerablemente. Lleva algo de efectivo porque en los pueblos pequeños no siempre hay cajero ni se acepta tarjeta.

¿Cómo llegar a Saint-Jean-Pied-de-Port?

La opción más habitual es volar a Bilbao, San Sebastián o Pamplona y desde allí tomar un tren o autobús hasta Saint-Jean-Pied-de-Port. También se puede llegar desde Bayona (Francia) en tren. Consulta los horarios actuales en la web de SNCF Connect para los tramos franceses y en Renfe para los españoles.

¿Qué llevar en la mochila?

  • Botas de trekking bien amoldadas antes de salir (este punto es crítico, no lo ignores).
  • Mochila de entre 8 y 12 kilos como máximo. Si dudas entre llevarlo o no, no lo lleves.
  • Poncho impermeable o chubasquero ligero: en el norte de España llueve, y en Galicia llueve más.
  • Botiquín básico con tiritas, agujas de coser ampollas y crema antirroces.
  • La credencial del peregrino, que puedes conseguir en Saint-Jean o en muchas asociaciones de amigos del Camino antes de salir.
  • Ropa técnica que seque rápido. El algodón es tu enemigo cuando caminas todo el día.

¿Cuántos días necesitas?

La mayoría de peregrinos hacen el camino completo desde Saint-Jean en entre 30 y 35 días. Si tienes menos tiempo, puedes empezar desde Sarria (en Galicia), que es el punto mínimo desde el que la Iglesia reconoce la peregrinación y te otorga la Compostela. Son aproximadamente los últimos 100 kilómetros y se suelen hacer en 5-7 días.

El consejo más importante

No compares tu ritmo con el de nadie. El camino no es una competición y cada persona lo vive de una manera completamente distinta. Hubo días en que yo llegaba tarde, con ampollas y deshidratada, y otros peregrinos llevaban horas duchados y descansando. Me costó un par de semanas aprender a no importarme.

Si estás dudando si hacerlo o no, te diré lo mismo que me dijo una peregrina alemana que conocí en Burgos: «El camino nunca llega en el momento perfecto. Pero siempre llega en el momento justo.» Y tenía razón.