Hay destinos que te sacuden por dentro. Asturias es uno de ellos. Yo llegué un mes de septiembre sin demasiadas expectativas —lo confieso— pensando que iba a ver verde, comer bien y descansar. Lo que no me esperaba era que ese viaje iba a convertirse en uno de los que más veces he contado desde entonces. La combinación de montaña, costa, gastronomía y cultura que ofrece esta comunidad del norte de España es, sencillamente, difícil de superar. Si estás pensando en escaparte a Asturias y no sabes por dónde empezar, siéntate que te lo cuento todo tal y como lo viví yo.
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Por qué Asturias se mete en la piel
La primera vez que vi el cartel de bienvenida a Asturias desde la carretera, con esas montañas al fondo envueltas en niebla y los prados de un verde imposible, pensé que estaba entrando en otro país. El Paraíso Natural, así se autodenomina el Principado, y después de haberla recorrido durante más de diez días, entiendo perfectamente por qué. No es marketing vacío: es una promesa que cumple.
Lo que hace especial a Asturias es que no tienes que elegir entre montaña y playa, entre naturaleza y cultura, entre tradición y buena mesa. Todo convive en un territorio relativamente compacto que puedes recorrer sin prisas, parando cuando quieras, cambiando de planes si el tiempo lo pide —y en el norte siempre hay que tener un plan B para la lluvia, ojo— y descubriendo rincones que no salen en ninguna guía.
La sidra: mucho más que una bebida
El ritual del escanciado
Si hay algo que Asturias tiene absolutamente propio, algo que no puedes entender del todo hasta que lo vives en primera persona, es la cultura de la sidra. No hablo solo de bebérsela. Hablo del ritual completo: el chigre (que es como llaman aquí a los bares de sidra), el ruido de las conversaciones, el olor a madera y manzana fermentada, y sobre todo el momento en que el escanciador levanta la botella por encima de su cabeza y deja caer el chorro desde esa altura para que el líquido se oxigene al caer en el vaso.
La primera vez que lo vi en directo me quedé mirando sin parpadear. Es un espectáculo en sí mismo. Y te advierto: hay que bebérsela rápido, antes de que se pierda el culete, que es lo que llaman a esa última parte del vaso que queda con más gas. Los asturianos lo saben, y si te ven dudando, te miran con una mezcla de ternura y lástima que es imposible olvidar.
Si quieres profundizar en la historia y la elaboración de este producto tan emblemático, la Wikipedia tiene un artículo bastante completo sobre la sidra asturiana que me ayudó a entender mucho mejor lo que estaba tomando. Pero nada como aprenderlo en el propio chigre, rodeada de gente que lleva toda la vida haciéndolo.
Gijón y Avilés: los mejores escenarios para descubrir los chigres
Yo me alojé unos días en Gijón, que tiene una escena de chigres realmente vibrante, especialmente en el barrio de Cimadevilla. Pero también me escapé a Avilés un día y descubrí que allí el ambiente es igual de auténtico, quizás con menos turistas y más parroquianos de toda la vida. No te quedes solo con Oviedo, que es la capital y merece mucho la pena, pero los chigres más tradicionales a veces hay que buscarlos fuera del circuito más conocido.
Los Picos de Europa: cuando la montaña te deja mudo
Antes de ir a Asturias, los Picos de Europa me sonaban como uno de esos sitios que todos mencionan pero que al final no visitas porque siempre hay algo que se antepone. Error enorme. Que conste.
El Parque Nacional de los Picos de Europa es uno de los más grandes y más visitados de España, y es Patrimonio de la Biosfera por la UNESCO. Pero estas etiquetas no te preparan para lo que ves cuando llegas. Yo entré por el desfiladero de la Hermida, que es uno de los accesos desde Cantabria, y recuerdo que tuve que parar el coche varias veces solo para mirar hacia arriba y procesar lo que tenía delante.
El Cares: la ruta que todo el mundo hace (y con razón)
La Ruta del Cares es, probablemente, el sendero más famoso de Asturias. Va por un desfiladero impresionante siguiendo el río Cares durante varios kilómetros, con paredes de roca que se levantan cientos de metros a cada lado. Es asequible para personas con una condición física básica, aunque lleva tiempo y hay que ir con calzado adecuado y agua suficiente.
Yo la hice empezando desde Poncebos, en el lado asturiano, y fue una de esas experiencias que no encuentras palabras para describir. Hay momentos en los que el camino se estrecha tanto que sientes que la montaña te está tragando. Y es exactamente esa sensación la que lo hace tan especial. Consulta las condiciones y el estado del camino en la web oficial del Parque Nacional antes de salir, especialmente si vas en temporada alta o después de lluvias.
Covadonga: historia y naturaleza juntas
Dentro del mismo macizo, no puedes perderte Covadonga. Para los asturianos es algo más que un lugar turístico: es un símbolo identitario profundo. El santuario, construido sobre una cueva donde según la tradición se refugió el rey Pelayo antes de la batalla que dio inicio a la Reconquista, tiene una carga histórica y emocional que se siente en el ambiente. Y si subes un poco más, llegas a los Lagos de Covadonga, que son de una belleza casi irreal cuando el tiempo acompaña.
Te recomiendo llegar pronto por la mañana o ir en temporada baja, porque en verano el acceso a los lagos está regulado y puede haber esperas. La web oficial de Turismo de Asturias tiene información actualizada sobre las restricciones de acceso según la época.

Las playas del norte: bravas, salvajes y completamente únicas
Siendo honesta: yo soy más de playas mediterráneas por costumbre. Agua caliente, chiringuito, sol garantizado. Pero las playas asturianas me dieron una lección de humildad. Son completamente distintas y, en su propia manera, absolutamente hipnóticas.
Playa de Torimbia y el paraíso nudista más verde que he visto
La playa de Torimbia, cerca de Llanes, es una de esas que aparece en todas las listas de «playas más bonitas de España» y que piensas que debe de estar exagerada. No lo está. Es una playa semivirgen, de arena blanca, rodeada de prados verdes que caen casi hasta el agua. Hay que bajar a pie desde el aparcamiento, lo cual actúa como filtro natural para quienes buscan una experiencia más tranquila.
La costa de Llanes: acantilados, bufones y pueblos de postal
El concejo de Llanes es una pasada. Tiene pueblos costeros como Celorio, Barro o Poo de Llanes —sí, ese es el nombre real y los lugareños ya están acostumbrados a las fotos— que merecen cada parada. Pero lo que más me impactó fueron los Bufones de Pría, unos agujeros naturales en la roca litoral por donde el mar entra a presión y lanza chorros de agua al aire. El sonido es impresionante, casi como si la tierra respirara.
Playa de Gulpiyuri: la playa interior que parece un sueño
Esta la tenía apuntada desde antes de ir y me alegro de no haberme perdido. La playa de Gulpiyuri es una playa interior: el mar entra por un túnel subterráneo y llena un pequeño arenal rodeado de hierba, completamente alejado del mar visible. Está cerca de Naves, también en Llanes. Es Monumento Natural según la Wikipedia y cuando la ves por primera vez entiendes por qué. Parece una trampa para turistas y resulta ser completamente real.
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Oviedo: la capital que sorprende
Oviedo tiene fama de ciudad tranquila, quizás un poco discreta comparada con otros destinos españoles. Pero tiene una carga histórica enorme: su casco histórico prerrománico está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, junto a otros monumentos asturianos del mismo periodo. La Catedral, Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo… son piezas de arte que preceden al románico y que muchos viajeros pasan por alto por desconocimiento.
Y luego está la calle Gascona, conocida como el Bulevar de la Sidra, donde puedes pasarte una tarde entera probando sidras de distintos lagares y picando fabada, queso de cabrales o cachopo. El cachopo merece párrafo aparte: es un filete de ternera empanado y relleno de jamón y queso que es, directamente, uno de los bocados más satisfactorios que puedes tener en este país.

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Consejos prácticos para tu viaje a Asturias (como si te lo contara tomando un café)
Cuándo ir
- Septiembre y octubre son mis meses favoritos para Asturias. El verano ya ha bajado el ritmo, los precios también, las carreteras están más despejadas y la luz de otoño sobre los prados es preciosa.
- Julio y agosto tienen más garantía de buen tiempo, pero la afluencia en zonas como los Picos de Europa o Covadonga puede ser muy alta. Si vas en verano, madruga.
- La primavera es espectacular en términos de paisaje, pero el tiempo es muy cambiante. Lleva siempre una chaqueta impermeable aunque salgas con sol.
- En invierno se puede disfrutar de una Asturias muy auténtica y tranquila, aunque algunas rutas de montaña pueden estar cerradas o con nieve.
Cómo moverse
- Coche de alquiler o propio es casi imprescindible si quieres explorar bien la región. El transporte público entre pueblos pequeños es limitado.
- Desde Madrid hay vuelos directos al Aeropuerto de Asturias que suelen ser bastante asequibles si reservas con antelación.
- También puedes llegar en tren desde Madrid o Bilbao, aunque los trayectos por la cornisa cantábrica son largos y hay que tener paciencia.
- En verano, el acceso a los Lagos de Covadonga en coche particular puede estar restringido. Infórmate antes en la web del Parque Nacional.
Presupuesto orientativo
- Asturias es más asequible que otras comunidades turísticas como el País Vasco o Cataluña. El alojamiento en casas rurales suele ser muy buena relación calidad-precio.
- Comer bien no sale caro: un menú del día en un bar de pueblo suele rondar los diez o doce euros, y los chigres tienen la sidra a precios muy razonables.
- Las rutas de senderismo son gratuitas en su mayoría. Algunas visitas como el Teleférico de Fuente Dé (ya en Cantabria, pero cerca de los Picos) tienen coste; consulta precios actuales en sus webs.
Qué llevar siempre
- Ropa de abrigo y chubasquero o cortavientos, aunque sea en verano. El norte cambia en minutos.
- Calzado de montaña si vas a hacer alguna ruta, incluso las más fáciles.
- Ganas de improvisar. Asturias premia a quien frena el coche cuando ve una señal de sidra artesanal o un camino sin asfaltar.
Dónde alojarse
- Las casas de aldea y casas rurales son la opción más auténtica y suelen estar muy bien mantenidas. Busca en la web oficial de Turismo Asturias, donde tienen un directorio oficial.
- Para la noche en ciudad, Oviedo y Gijón tienen buena oferta hotelera para todos los presupuestos.
- Si vas en temporada alta, reserva con bastante antelación, especialmente en zonas rurales cerca de los Picos.
Mi consejo más personal: no planifiques demasiado. Yo tenía un itinerario bastante detallado y lo rompí a los dos días porque el cartel de un llagar anunciando sidra nueva me torció el camino. Fue la mejor decisión del viaje.


