Hay viajes que te cambian algo por dentro de una forma que no sabes muy bien explicar. El que hice a la Amazonía peruana fue uno de ellos. Llevaba meses con esa idea rondándome la cabeza: adentrarme de verdad en la selva, no quedarme en la periferia. Y cuando por fin lo hice, cuando estuve allí dentro, con el ruido de los insectos de fondo y el calor pegándose a la piel, supe que había tomado la mejor decisión de ese año. En este artículo te cuento todo: cómo llegué, qué hice, qué sentí y, sobre todo, lo que necesitas saber si estás pensando en hacer este viaje.
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Por qué elegí la Amazonía peruana
Había estado leyendo mucho sobre la cuenca amazónica y su biodiversidad. Sabía que Perú tiene una de las porciones más valiosas y mejor conservadas de toda la Amazonia, especialmente en la zona de Loreto, el departamento más extenso del país. Lo que me terminó de convencer fue descubrir que algunas zonas cercanas a Iquitos forman parte de reservas protegidas reconocidas internacionalmente, lo que garantiza una experiencia más auténtica y menos masificada.
También influyó mucho el hecho de que Perú lleva años apostando por el ecoturismo responsable como alternativa sostenible. Las operadoras locales que trabajan con comunidades indígenas ofrecen algo que no encuentras en muchos lugares: conocimiento real del territorio, guías que han crecido en la selva y un contacto con la naturaleza que va mucho más allá de lo que podrías ver en un documental.
Llegar a la selva: el viaje hasta Iquitos
La primera sorpresa fue que Iquitos es la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera. Solo se puede llegar en avión o en barco por el río. Yo volé desde Lima, y el vuelo dura aproximadamente una hora. Desde el aeropuerto de Iquitos hasta el embarcadero hay muy poca distancia, y desde ahí empieza la verdadera aventura.
El lodge donde me hospedé se encontraba a varias horas río abajo desde Iquitos. Me buscaron en el embarcadero y navegamos en una embarcación de madera mientras el paisaje iba transformándose poco a poco: primero casas flotantes, luego vegetación cada vez más densa, hasta que el río pareció tragarse cualquier rastro de civilización. Esa travesía en barco ya fue, en sí misma, uno de los momentos más bonitos del viaje.
El lodge: vivir en el corazón de la selva
Cómo era el alojamiento
El lodge estaba construido completamente en madera, con cabañas elevadas sobre pilotes para protegerlas de la humedad y de las crecidas del río. No había aire acondicionado, lo cual me pareció coherente con la filosofía del lugar: los techos de palma y las ventanas con mosquiteras hacían que la brisa circulara lo suficiente para poder dormir. La primera noche tardé en conciliar el sueño, no por el calor, sino por el sonido. La selva de noche es increíblemente ruidosa. Ranas, insectos, aves nocturnas… un coro constante que al principio desconcierta y luego se convierte en la mejor banda sonora que hayas escuchado.
El comedor era comunitario, con vistas al río. Comíamos productos locales, muchos de ellos obtenidos directamente del entorno: pescado recién capturado, frutas tropicales que no había visto en mi vida, preparaciones típicas de las comunidades ribereñas. Sin exagerar, fue una de las mejores semanas comiendo de toda mi vida.
El equipo y los guías
Uno de los aspectos que más me sorprendió fue la calidad y la calidez del equipo del lodge. Nuestro guía principal, que había nacido en una comunidad cercana, conocía cada árbol, cada huella, cada sonido. Era capaz de detectar un animal escondido entre la vegetación antes de que ninguno de nosotros hubiéramos visto nada. Esa conexión con el territorio no se aprende en ningún curso; se hereda y se vive desde la infancia.

Las actividades: lo que hice cada día
Caminatas por la selva
Salíamos a caminar dos veces al día: al amanecer y a media tarde, para evitar las horas de máximo calor. Las rutas variaban en dificultad, y el guía adaptaba el recorrido según el grupo. Aprendí a reconocer plantas medicinales que las comunidades indígenas han usado durante siglos, vi hormigas cortadoras en plena faena, escuché el grito de los monos aulladores a lo lejos y, en uno de los paseos, tuvimos el privilegio de ver a un grupo de perezosos colgando de las ramas sobre nuestras cabezas, completamente ajenos a nuestra presencia.
Excursiones en canoa
Las salidas en canoa por los igarapés, que son los pequeños canales que se adentran en la selva inundada, fueron mis actividades favoritas. Remábamos en silencio, casi sin movernos, y el río nos llevaba entre una vegetación tan densa que a veces apenas entraba la luz. Vimos garzas, martines pescadores, caimanes tomando el sol en las orillas y, una mañana que no olvidaré, una anaconda enroscada en una rama a escasos metros de la canoa. El corazón se me disparó. Nuestro guía nos hizo señas de que no nos moviéramos y la observamos durante varios minutos antes de que se deslizara al agua.
Visita a una comunidad indígena
Una de las excursiones incluía una visita a una comunidad local. Fue un momento de mucho respeto y también de mucha emoción. Nos enseñaron cómo preparan algunos de sus alimentos, cómo usan las plantas de la selva y nos hablaron de su relación con el territorio. Estas visitas, cuando se hacen de forma ética y con el consentimiento y la participación activa de la comunidad, son un recordatorio poderoso de que hay otras formas de entender el tiempo y el mundo.
Si te interesa profundizar en la importancia de proteger estas comunidades y su entorno, te recomiendo leer sobre la biodiversidad y las políticas de protección cultural que impulsa la UNESCO en la región amazónica.
Pesca de pirañas
Sí, también pescamos pirañas. Con cañas de bambú y pedacitos de carne cruda como anzuelo. Es una actividad que suena peligrosa y que en realidad es bastante tranquila; las pirañas no atacan a menos que huelan sangre en el agua, y los guías tienen todo controlado. Las que pescamos las cocinaron esa misma tarde y las comimos fritas. Estaban riquísimas.
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La biodiversidad de la Amazonía peruana
Perú alberga una fracción enorme de la biodiversidad mundial. Solo en la región amazónica se calcula que existe una cantidad de especies de aves, mamíferos, reptiles y plantas que supera lo que existe en continentes enteros. La Reserva Nacional Pacaya-Samiria, una de las zonas protegidas más grandes de Perú y de toda Sudamérica, es accesible desde algunas operadoras con base en Iquitos. Si tienes tiempo, vale mucho la pena incluirla en tu ruta.
Durante mi estancia en el lodge pude observar o escuchar más de cuarenta especies de aves distintas en tan solo cuatro días, sin ser especialmente avistadora. Para los aficionados al birdwatching, la Amazonía peruana es, sencillamente, un paraíso.

Lo que nadie te cuenta antes de ir
Voy a ser honesta contigo porque creo que es lo más útil que puedo hacer. Hay cosas de este viaje que no son cómodas y que conviene saber de antemano para que no te pillen por sorpresa:
- El calor y la humedad son constantes e intensos. Algunos días la combinación de ambos resulta agotadora, aunque también hay momentos de lluvia que refrescan todo.
- Los mosquitos son una realidad. Llevar repelente potente y ropa larga para las noches es imprescindible.
- La conectividad es mínima o inexistente. En la mayoría de lodges alejados del núcleo urbano no hay wifi. Esto, que al principio puede generar algo de ansiedad, acaba siendo uno de los mayores regalos del viaje.
- El ritmo de vida en la selva es completamente distinto. Se madruga mucho, se duerme pronto y los tiempos los marca la naturaleza, no el reloj.
- Dependiendo de la época, el nivel del río puede variar muchísimo, lo que afecta a qué zonas son accesibles y qué actividades pueden hacerse.
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Consejos prácticos para tu viaje a la Amazonía peruana
Cuándo ir
Te lo cuento como se lo diría a una amiga: la Amazonía no tiene una «mala época» exactamente, pero sí hay diferencias importantes. De junio a noviembre es la época de aguas bajas, que facilita las caminatas por el bosque, el avistamiento de fauna y el acceso a playas de río. De diciembre a mayo es la época de lluvias y aguas altas, que permite navegar por zonas inundadas del bosque y tiene una magia especial, aunque hay más mosquitos y el calor es más intenso. Yo fui en agosto y lo recomiendo mucho.
Cómo llegar
- Desde Lima hay vuelos directos a Iquitos con varias aerolíneas peruanas. El trayecto dura alrededor de una hora.
- Desde Iquitos, los lodges suelen organizar el traslado en barco o lancha. Consulta directamente con tu lodge antes de llegar.
- Revisa la web del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú para información oficial sobre destinos y operadoras.
Presupuesto orientativo
Los lodges en la Amazonía peruana tienen un rango de precios muy amplio. Hay opciones más básicas y económicas que pueden rondar los 80-120 dólares por noche con comidas y actividades incluidas, y lodges de mayor categoría donde los precios son considerablemente más altos. Lo más habitual es contratar paquetes de varios días que incluyen alojamiento, pensión completa y excursiones guiadas. Siempre compara y consulta directamente con el lodge antes de reservar.
Qué llevar en la maleta
- Repelente de insectos con DEET o equivalente de alta concentración.
- Ropa ligera de manga larga para las noches y los paseos al amanecer.
- Botas de goma o calzado impermeable para las caminatas por la selva húmeda.
- Protector solar de factor alto.
- Una linterna frontal, imprescindible.
- Medicación antimalárica si tu médico te la recomienda. Consulta antes del viaje.
- Cámara de fotos resistente a la humedad o una funda protectora para la tuya.
- Muy poca ropa de ciudad: en el lodge no la vas a necesitar.
Salud y vacunas
Consulta con tu médico o en un centro de vacunación internacional antes de viajar. La vacuna de la fiebre amarilla es obligatoria o muy recomendada para entrar en zonas de selva en Perú, y conviene ponérsela con al menos diez días de antelación. También es habitual tomar profilaxis antipalúdica si vas a zonas remotas.
Dónde informarte bien
- Peru.travel, el portal oficial de turismo de Perú, tiene información muy completa sobre la región amazónica.
- El SERNANP (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas) publica información actualizada sobre las reservas naturales accesibles en Loreto.
Una última cosa que te digo de corazón: cuando estés allí, resiste la tentación de llenarlo todo de fotos. Hay momentos, como cuando el río se tiñe de naranja al atardecer o cuando escuchas el primer canto de los monos al amanecer, que merecen que simplemente los vivas.


