Hay destinos que llevan años en tu lista de deseos y que, cuando por fin los visitas, superan todo lo que habías imaginado. Para mí, Zermatt y los Alpes Suizos fueron exactamente eso. Recuerdo el momento en que el tren empezó a adentrarse en el valle y, de repente, al girar una curva, apareció él: el Matterhorn, imponente, perfectamente piramidal, casi irreal. Me quedé sin palabras. Tenía la nariz pegada al cristal de la ventanilla como una niña de cinco años, y no me avergüenza nada reconocerlo. Si estás pensando en visitar Suiza y no sabes por dónde empezar, te cuento todo lo que viví en este viaje que todavía me emociona recordar.
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Zermatt: el pueblo sin coches que roba el corazón
Lo primero que te sorprende de Zermatt es el silencio. O mejor dicho, la ausencia de ruido de motor. Este pueblo del cantón de Valais es uno de los pocos lugares de Europa donde los coches de gasolina están completamente prohibidos. Las calles las recorren pequeños taxis eléctricos, carros de caballos y, sobre todo, gente caminando sin prisa. Esa calma te envuelve desde el primer momento y te hace bajar las revoluciones de golpe.
Para llegar a Zermatt tienes que dejar tu coche en Täsch, el pueblo más cercano donde está permitido aparcar, y tomar desde allí un tren que te lleva al pueblo en pocos minutos. Ese pequeño ritual ya te dice que estás entrando en un lugar diferente. Puedes consultar los horarios y opciones de transporte en la web oficial de turismo de Zermatt.
El pueblo en sí es una mezcla encantadora de chalets tradicionales de madera, hoteles de lujo, tiendas de equipamiento de montaña y restaurantes donde el fondue y la raclette son protagonistas indiscutibles. Yo me alojé en la zona del centro, a pocos minutos de la iglesia principal, y cada mañana me asomaba a la ventana con la esperanza de ver el Matterhorn despejado. Os adelanto que no siempre tuve suerte: la montaña tiene sus propios planes, y los días de nubes forman parte del viaje.
El Matterhorn: más que una montaña, un símbolo
El Matterhorn —o Cervino, como se llama en italiano y en español— es posiblemente la montaña más fotografiada de los Alpes. Con sus 4.478 metros de altitud y su silueta piramidal perfectamente reconocible, es un símbolo no solo de Suiza sino del alpinismo mundial. La primera ascensión a su cima se realizó en 1865, y desde entonces ha capturado la imaginación de montañeros y viajeros de todo el mundo.
Yo no venía a escalarlo, claro. Pero sí quería verlo de cerca, sentir esa presencia que tantas veces había admirado en fotografías. Y te juro que ninguna foto le hace justicia. Hay algo en verlo en directo, con esa proporción enorme recortada sobre el cielo azul, que te hace sentir pequeña de una manera muy bonita.
Subir a las alturas: el Gornergrat y el Klein Matterhorn
Uno de los planes imprescindibles desde Zermatt es subir al Gornergrat, una cresta a más de 3.000 metros de altitud desde la que se obtienen unas vistas absolutamente abrumadoras. Para llegar allí se toma el tren cremallera del Gornergrat, que parte directamente desde el centro del pueblo. El viaje en sí ya es una experiencia: el tren va ascendiendo lentamente mientras el paisaje se transforma y los picos nevados se van multiplicando a tu alrededor.
Arriba, el panorama incluye el glaciar Gorner —uno de los más grandes de los Alpes— y una cadena interminable de cumbres de más de cuatro mil metros. Hacía frío, mucho frío, aunque era pleno verano en el valle. Llevaba tres capas de ropa y aun así me alegré de haber metido los guantes en la mochila. Si piensas subir, no importa la época del año: lleva siempre ropa de abrigo.
Al día siguiente subí al Klein Matterhorn, que con sus más de 3.800 metros es la estación de montaña más alta de Europa. Allí arriba hay un observatorio astronómico y unas vistas que te cortan la respiración, literalmente, porque la altitud también se nota. El acceso se hace en telecabina y teleférico desde Zermatt. Puedes ver las opciones y tarifas actuales en la web oficial de Matterhorn Paradise.

Los trenes panorámicos: viajar de otra manera
Si hay algo que Suiza domina a la perfección —además de los relojes y el chocolate— es el arte de viajar en tren. Y cuando digo en tren, no me refiero a los trayectos de cercanías. Me refiero a rutas épicas a través de paisajes de película, en vagones con ventanales enormes diseñados específicamente para que no te pierdas nada.
El Glacier Express: el tren más lento del mundo
El Glacier Express conecta Zermatt con St. Moritz en un trayecto que dura alrededor de ocho horas. Se le llama, con mucho orgullo, el tren más lento del mundo, porque no hay ninguna prisa en recorrer los casi 300 kilómetros de montañas, viaductos, túneles y valles alpinos que atraviesa. El tren cruza casi 300 puentes y atraviesa más de 90 túneles, según la información disponible en su propia web oficial.
Yo hice solo una parte del trayecto, desde Zermatt hasta Andermatt, y fue suficiente para entender por qué este recorrido es considerado uno de los viajes en tren más espectaculares del mundo. Tienes el desayuno servido en la mesa, el paisaje cambiando al otro lado del cristal y la sensación de que el tiempo ha decidido ir más despacio solo para ti.
El Bernina Express: entre glaciares y palmeras
Aunque yo no lo hice en este viaje (quedó en mi lista de pendientes), no puedo hablar de trenes panorámicos suizos sin mencionar el Bernina Express. Este tren de vía estrecha recorre una de las rutas ferroviarias de alta montaña más impresionantes del mundo, desde Chur hasta Tirano (Italia), cruzando el Ferrocarril Rético en los paisajes alpinos de Albula y Bernina, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sí, el tren en sí está en la lista de la UNESCO. Eso te da una idea de lo especial que es.
El Bernina Express atraviesa el glaciar del Morteratsch, cruza el famoso viaducto circular de Brusio y, en pocas horas, te lleva de la nieve a los viñedos del norte de Italia. Es uno de esos viajes que quedan en la memoria para siempre.
El Swiss Travel Pass: la clave del transporte
Para moverse por Suiza en tren, teleférico y autobús, el Swiss Travel Pass es la opción que más me recomendaron y con la que más satisfecha quedé. Incluye la mayoría de los transportes públicos del país y descuentos importantes en las excursiones de montaña. Vale la pena estudiarlo antes de tu viaje porque puede ahorrarte bastante dinero, especialmente si piensas moverte mucho.

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Consejos prácticos para tu viaje a Zermatt y los Alpes Suizos
Aquí te cuento lo que le contaría a una amiga que me pregunta antes de hacer las maletas. Sin rodeos y sin adornar nada.
Cuándo ir
- Verano (julio y agosto) es la época más popular para el senderismo y las excursiones de montaña. Los días son largos, el clima es agradable en el valle y la mayoría de las instalaciones están abiertas. Eso sí, hay más gente y los precios suelen estar en su punto más alto.
- Invierno (diciembre a marzo) es perfecto si quieres esquiar. Zermatt es una de las estaciones de esquí más importantes de Europa, con pistas para todos los niveles.
- Temporada baja (mayo-junio y septiembre-octubre) es mi favorita para quienes buscan algo más tranquilo y precios más razonables. El paisaje en otoño, con los lárices amarillos, es absolutamente espectacular.
Presupuesto
- Suiza es cara, no voy a engañarte. El alojamiento en Zermatt suele ser de los más caros del país. Si quieres reducir costes, puedes alojarte en hostels o apartamentos, o considerar dormir en pueblos cercanos como Täsch y desplazarte cada día.
- Comer en restaurantes del pueblo puede salirte bastante caro. Una buena opción es comprar en supermercados (hay un Migros y un Coop en el pueblo) y preparar alguna comida tú mismo. Los pícnics con vistas al Matterhorn son, por cierto, una experiencia en sí mismos.
- Las excursiones de montaña (telecabinas, trenes cremallera) son el gasto más importante. Los precios suelen rondar los varias decenas de francos suizos por subida. El Swiss Travel Pass puede amortizarse si tienes varios días.
Transporte
- Deja el coche en Täsch y entra en Zermatt en tren. No hay otra opción y, honestamente, no la necesitas.
- Reserva los billetes del Glacier Express con antelación, especialmente en temporada alta. Los sitios junto a la ventanilla se agotan rápido.
- El Swiss Travel Pass es tu mejor aliado para moverte por todo el país.
Qué llevar
- Ropa en capas, siempre. Aunque haga calor en el pueblo, en la montaña la temperatura cae de forma significativa.
- Crema solar de alta protección. A esa altitud, el sol pega fuerte aunque no lo parezca.
- Botas de senderismo si piensas hacer rutas. Los caminos pueden ser irregulares y mojados.
- Una botella de agua reutilizable. En Suiza el agua del grifo es excelente y puedes rellenarla en las fuentes del pueblo.
Un último consejo
Dale tiempo al Matterhorn. Yo me obsesioné los primeros días porque quería verlo siempre despejado, sin nubes, perfectamente iluminado. Hasta que entendí que esa montaña tiene su propio carácter y que verla parcialmente envuelta en niebla también es precioso, también es real. La mañana que me levanté muy temprano, antes de que el pueblo despertara, y la encontré reflejada en el lago Stellisee con el cielo anaranjado del amanecer… eso no me lo habría dado ninguna guía de viaje. Madruga un poco y ve al lago Stellisee. Confía en mí.