Hay momentos de viaje que te cambian algo por dentro. No de forma dramática, no de golpe, sino de esa manera silenciosa en que una imagen se te queda grabada para siempre y ya no puedes imaginarte no haberla vivido. A mí me pasó en El Calafate, en la Patagonia argentina, el día que puse un pie sobre el Glaciar Perito Moreno y escuché, a mis espaldas, el trueno seco de un bloque de hielo desprendiéndose y cayendo al lago. Me quedé paralizada. Tenía los crampones puestos, el viento me azotaba la cara y los ojos se me habían puesto a hacer cosas raras. Era mayo, hacía un frío que pelaba, y yo era completamente feliz.
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El Calafate: mucho más que una parada técnica
Cuando la gente habla de El Calafate, casi siempre lo menciona como el punto de acceso al glaciar, como si la ciudad fuera solo una excusa logística. Y entiendo por qué: el protagonismo del Glaciar Perito Moreno es tan aplastante que todo lo demás palidece. Pero yo me quedé tres noches y me alegro mucho de haberlo hecho así.
El Calafate es una ciudad pequeña, turística y bastante cara para los estándares argentinos, pero tiene algo que me gustó desde el primer momento: todo el mundo está ahí por la misma razón. Hay una energía compartida entre los viajeros que se instala en los bares de la calle principal, la Avenida del Libertador. Ves a gente con botas de montaña tomando mate, comparando fotos del glaciar, preguntándose si merecía la pena el trekking o con solo las pasarelas era suficiente. Me integré en esas conversaciones antes de deshacer la maleta.
Además de prepararte para la visita al glaciar, en El Calafate puedes pasear por la Reserva Natural Laguna Nimez, un humedal a pocos minutos del centro donde se pueden ver flamencos rosados en libertad. Sí, flamencos. En la Patagonia. La naturaleza a veces decide no seguir las reglas.
El Parque Nacional Los Glaciares: contexto que importa
El Parque Nacional Los Glaciares fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981. Es uno de los parques nacionales más grandes de Argentina y alberga el mayor campo de hielo fuera de los polos. Dentro de ese parque vive el Perito Moreno, que con sus casi treinta kilómetros de longitud y una pared de hielo que puede superar los setenta metros de altura en algunos puntos es uno de los pocos glaciares del mundo que no está en retroceso permanente. Ese detalle, científicamente notable, es lo que lo convierte en un objeto de estudio continuo.
Puedes consultar más información sobre el parque en la web de la Administración de Parques Nacionales de Argentina, donde también encontrarás datos actualizados sobre accesos y normativas. Te lo recomiendo antes de salir, porque las condiciones en la Patagonia pueden cambiar bastante según la época del año.
La primera vez que lo ves: ese silencio raro
El bus me dejó en el aparcamiento del glaciar y desde ahí empecé a bajar por las pasarelas de madera. El Perito Moreno no se te aparece de golpe: lo vas descubriendo entre los árboles, primero un destello azul, luego una masa enorme que el cerebro tarda un poco en procesar. Cuando lo tienes delante, con el lago Argentino a un lado y esa muralla de hielo azulado frente a ti, el cuerpo hace algo curioso: se queda quieto.
No soy la única a quien le pasa. Miré a mi alrededor y había gente con el teléfono en la mano pero sin fotografiar nada, solo mirando. Hay cosas que el ojo quiere guardar antes que la cámara.
Las pasarelas están muy bien diseñadas y permiten acercarse bastante, cambiar de perspectiva, ver el glaciar desde distintos ángulos y a distintas alturas. Estuve casi dos horas recorriéndolas antes del trekking y no me aburrí ni un minuto. Los desprendimientos de hielo ocurren de forma impredecible: a veces esperas mucho rato y nada, otras veces llevas dos minutos y ya escuchas el primer trueno. La espera forma parte del plan.

El minitrekking sobre el glaciar: cuando el hielo se vuelve terreno
Esta fue, sin ninguna duda, la experiencia más memorable de todo mi viaje a Argentina. El minitrekking es la opción más accesible para caminar sobre el Perito Moreno: no requiere experiencia previa en montaña, lo organizan empresas especializadas con guías certificados y dura aproximadamente hora y media de caminata sobre el hielo.
El proceso empieza en la orilla: coges una barca pequeña que te lleva hasta el borde del glaciar, te equipan con crampones que se sujetan a tus botas de montaña (que puedes alquilar si no tienes) y antes de subir al hielo el guía hace una breve explicación de seguridad. Y entonces pisas el glaciar.
Lo primero que piensas es que el suelo no es lo que esperabas. El hielo del Perito Moreno no es liso ni blanco: es una superficie llena de texturas, crestas, grietas, canales de agua derretida y esas grietas profundas de color azul eléctrico que parecen no tener fondo. Los guías te explican por qué ese color existe: la densidad del hielo comprimido durante siglos absorbe todas las longitudes de onda de la luz excepto el azul. Escucharlo explicado no le resta ninguna magia. Al contrario.
Qué ver y hacer durante el trekking
- Los seracs: las torres de hielo que se forman por la presión y el movimiento del glaciar. Caminas entre ellos y te sientes pequeño de una forma que no es desagradable.
- Los pozos de agua: el deshielo crea pequeños lagos y canales en la superficie. El guía te deja beber directamente del agua del glaciar. Es el agua más fría y más pura que he probado en mi vida.
- Las grietas azules: el hielo tiene una profundidad de color que no se puede replicar en fotografía. Tienes que verlo en persona.
- El whisky de glaciar: al terminar el trekking, te ofrecen un trago de whisky con hielo del Perito Moreno. Sé que suena a marketing turístico y quizás lo es, pero estaba helada y me supo a gloria.
Big Ice: la opción más exigente
Si tienes experiencia en montaña y quieres algo más intenso, existe la modalidad Big Ice, que implica una caminata mucho más larga y adentrarse en zonas del glaciar más remotas. Yo no lo hice porque no llevaba el nivel de condición física adecuado ese día, pero hablé con una pareja que sí lo había hecho y los dos decían que había sido la experiencia de sus vidas. Si tienes la oportunidad y el estado físico, no lo dudes.
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La ruptura del glaciar: un fenómeno natural extraordinario
Una de las cosas más llamativas del Perito Moreno es su ciclo de avance y ruptura. El glaciar avanza lentamente hasta tocar la Península de Magallanes, cortando el lago en dos y creando una presión enorme que eventualmente hace que el hielo se rompa de manera espectacular. Este fenómeno, que puede ocurrir cada pocos años aunque no sigue un calendario exacto, atrae a miles de personas cuando se anuncia. Puedes encontrar información más detallada sobre la dinámica del glaciar en su página de Wikipedia, aunque para datos científicos actualizados lo mejor es consultar fuentes especializadas o la propia administración del parque.
Yo no tuve la suerte de ver una ruptura, pero sí escuché varios desprendimientos durante mis horas en las pasarelas. Cada uno llega sin aviso: un ruido sordo que se expande, luego el chapoteo, luego el silencio. La gente aplaude. No sé muy bien por qué, pero tiene sentido.

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Consejos prácticos de Sara: todo lo que ojalá me hubieran contado
Bien, aquí viene la parte en la que te cuento lo que aprendí a base de preguntar mucho, equivocarme algo y tomar notas mentales para contártelo a ti. Tómatelo como si estuviéramos en una cafetería y te lo estuviera contando en voz baja.
Cuándo ir
- La mejor época es entre octubre y abril, que es la primavera-verano austral. Los días son más largos, el tiempo es más estable (aunque «estable» en la Patagonia es un concepto relativo) y hay más frecuencia de buses y tours disponibles.
- Yo fui en mayo, ya en otoño, y fue precioso pero más duro: viento constante, temperaturas bajo cero y algunos días de lluvia. También había muchísimo menos turismo, lo cual tiene su encanto.
- El verano austral (diciembre-febrero) es la temporada alta. Más calor, más turistas, conviene reservar con bastante antelación.
Cómo llegar a El Calafate
- El Calafate tiene aeropuerto propio con vuelos desde Buenos Aires, Bariloche y otras ciudades argentinas. Las aerolíneas Aerolíneas Argentinas y otras low cost operan esta ruta regularmente.
- También se puede llegar en bus desde Puerto Natales (Chile) o desde Bariloche, aunque son trayectos largos.
- Desde el aeropuerto hasta el centro hay transfer de minibús, que es lo más práctico.
Cómo llegar al glaciar desde El Calafate
- Hay buses que salen del centro de El Calafate hacia el glaciar. Los horarios cambian por temporada, así que consulta en tu alojamiento o en las agencias de la Avenida del Libertador al llegar.
- También puedes contratar una excursión organizada que incluya transporte y guía, lo cual simplifica bastante la logística.
- El coche de alquiler es otra opción si quieres más libertad de horarios.
Presupuesto orientativo
- La entrada al Parque Nacional tiene un coste que varía según nacionalidad y temporada. Los precios suelen ser significativamente más altos para extranjeros que para residentes argentinos. Consulta siempre la tarifa actualizada en la web oficial de Parques Nacionales.
- El minitrekking tiene un coste adicional aparte de la entrada al parque. Los precios suelen rondar los… bueno, esto cambia tanto con la inflación argentina que prefiero no darte un número: pregunta directamente en las agencias o busca en los foros de viaje con fecha reciente.
- El alojamiento en El Calafate es de los más caros de Argentina. Reserva con antelación, especialmente en temporada alta.
- Lleva ropa de abrigo aunque vayas en verano. El viento patagónico no negocia.
Qué llevar para el trekking
- Botas de montaña con tobillo alto (imprescindible, los crampones no se sujetan bien en zapatillas).
- Ropa en capas: base térmica, forro polar y cortavientos impermeable.
- Guantes, gorro y gafas de sol (el reflejo del sol en el hielo es intenso).
- Mochila pequeña con agua y algo de comer para las pasarelas.
- Cámara o móvil bien cargado, y considera una batería externa porque el frío agota las baterías rápido.
Una última cosa: cuando llegues a las pasarelas, no tengas prisa. La gente que va corriendo de un mirador a otro se pierde la mejor parte, que es quedarse quieta en un punto, con el frío en la cara y los ojos abiertos, esperando que el glaciar haga algo. Siempre hace algo. Solo tienes que darle tiempo.


