Hacía años que Islandia rondaba mi lista de sueños pendientes. De esas que miras demasiado en Instagram, sobre las que lees mil artículos y para las que nunca encuentras el momento. Hasta que un septiembre me dije: o ahora o nunca. Cogí un vuelo desde Madrid, alquilé un coche en el aeropuerto de Keflavík y me lancé a recorrer la mítica Ring Road —la carretera nacional número 1 que rodea toda la isla— durante diez días que cambiaron completamente mi forma de entender qué significa viajar de verdad. Volcanes, géiseres, auroras boreales, cascadas que te empapan hasta los huesos y un silencio que casi duele. Esto es lo que viví, y lo que me hubiera gustado saber antes de ir.
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Por qué Islandia te rompe todos los esquemas
No te voy a mentir: Islandia no es un destino fácil ni barato. Pero hay algo en ese paisaje que parece de otro planeta —porque en parte lo es— que hace que cada euro gastado parezca una inversión de vida. Islandia es uno de los países geológicamente más activos del mundo, asentado sobre la dorsal mesoatlántica, justo donde las placas tectónicas euroasiática y norteamericana se separan. Eso lo convierte en un laboratorio natural de fenómenos que en ningún otro lugar verás tan de cerca: géiseres activos, lava enfriada que forma paisajes lunares, aguas termales que brotan del suelo y auroras que pintan el cielo de verde y violeta.
Si quieres entender mejor la geología de la isla antes de ir, la página de Wikipedia sobre Islandia es un buen punto de partida. Y para planificar el viaje con información oficial, la web de Visit Iceland es tu mejor aliada.
La Ring Road: el corazón del viaje
La Carretera 1 o Ring Road es la columna vertebral de cualquier road trip por Islandia. Rodea la isla casi por completo y te va conectando con los principales puntos de interés del país. Yo la recorrí en sentido horario, empezando y terminando en Reikiavik, lo que me permitió adaptar el ritmo según el tiempo y la luz disponible.
Conducir en Islandia es una experiencia en sí misma. Las carreteras secundarias —marcadas con una F delante del número— suelen ser pistas de tierra o incluso de río y solo se pueden recorrer con vehículos 4×4 habilitados para ello. Yo fui con un SUV estándar y me quedé con las ganas de explorar algún fiordo remoto del interior, pero fue una decisión sensata. Comprueba siempre las condiciones de la carretera en la web oficial de Vegagerðin (Administración de Carreteras de Islandia) antes de salir cada mañana. Te lo digo en serio, no es opcional.
Días 1 y 2: Reikiavik y los primeros pasos
Llegué de noche, recogí el coche y conduje hasta el hotel algo aturdida por el jet lag y la emoción. Al día siguiente, dediqué la mañana a explorar Reikiavik, la capital más pequeña del mundo con su carácter desenfadado y colorido. La iglesia Hallgrímskirkja, con su silueta que imita las columnas de basalto volcánico, es imposible de ignorar. Desde lo alto de su torre las vistas son increíbles.
Reikiavik tiene mucho que ofrecer: mercados, restaurantes de cocina nórdica, museos sobre los vikingos y una cultura de cafeterías acogedoras que los islandeses llaman kaffihús. Pero yo estaba impaciente por salir a la carretera, así que aproveché la tarde para hacer el famoso Círculo Dorado.
Día 3: El Círculo Dorado
El Círculo Dorado es probablemente la ruta más conocida de Islandia y con razón. En un solo día puedes visitar tres lugares absolutamente espectaculares:
- Þingvellir (Thingvellir): parque nacional declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, donde puedes caminar literalmente entre las dos placas tectónicas. Aquí también se fundó el primer parlamento del mundo, el Althing, en el año 930.
- Área geotérmica de Geysir: el géiser original que dio nombre a todos los géiseres del mundo ya no entra en erupción con regularidad, pero su vecino Strokkur lo hace cada pocos minutos, lanzando agua hirviendo a una altura impresionante. Yo me quedé mirándolo durante casi una hora, incapaz de marcharme.
- Cascada Gullfoss: el «Río Dorado» cae en dos escalones hacia un cañón que la niebla convierte en algo mágico. Mojarse con su spray es inevitable y completamente necesario.

El sur de Islandia: cascadas, playas negras y glaciares
Los días 4, 5 y 6 los dediqué al sur de la isla, que para mí fue la parte más impactante del viaje. La costa sur islandesa condensa en pocos kilómetros una variedad de paisajes que no tiene ningún sentido en términos racionales.
Skógafoss y Seljalandsfoss: las cascadas que enamoran
La cascada Skógafoss es una de esas imágenes que has visto mil veces y aun así, cuando la tienes delante, te deja sin palabras. Hay una escalera que sube por el lateral y desde arriba la perspectiva cambia completamente: ves el río serpenteando hacia el mar y los campos de musgo verde imposible extendiéndose hasta el horizonte. Justo en los días despejados aparece un arcoíris en la base que parece colocado ahí adrede.
A pocos kilómetros está Seljalandsfoss, que tiene el superpoder de dejarte rodearla completamente por detrás. Caminar detrás de una cascada activa con el ruido del agua envolviéndote es una sensación que no sé describir bien con palabras. Lleva ropa impermeable, porque te vas a mojar sí o sí.
Reynisfjara: la playa negra que impone respeto
La playa de Reynisfjara, cerca del pueblo de Vík, tiene arena volcánica negra como el carbón, columnas de basalto hexagonal y unas olas que el Atlántico lanza contra la orilla con una fuerza brutal. Los carteles de advertencia no están de adorno: las llamadas «sleeper waves» son olas que llegan sin previo aviso y con muchísima potencia. Mantén siempre una distancia segura del agua. Yo vi cómo una ola alcanzó a una pareja que estaba fotografiando las rocas, y fue un susto mayúsculo.
Jökulsárlón: el lago glaciar que parece de otro mundo
En el día 6 llegué a Jökulsárlón, la laguna glaciar donde los icebergs del glaciar Breiðamerkurjökull —parte del inmenso Vatnajökull, el mayor glaciar de Europa— se desprenden y flotan lentamente hacia el mar. Los hay de tonos azulados, blancos lechosos y casi transparentes. Junto a la laguna está la llamada Diamond Beach, donde esos mismos trozos de hielo llegan a la orilla y brillan sobre la arena negra como diamantes gigantes.
Me quedé allí dos horas largas. No fui capaz de irme antes.
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El este y el norte: fiordos, ballenas y las auroras
Los días 7, 8 y 9 completé el recorrido por el este y el norte de la isla. Los fiordos del este son menos visitados y eso se nota: más silencio, más autenticidad, pueblos de pescadores donde la vida transcurre a otro ritmo.
En Húsavík, en el norte, hice una excursión de avistamiento de ballenas que fue sencillamente mágica. La zona es conocida como la capital europea del whale watching y la probabilidad de ver jorobadas y minkes es muy alta en temporada. La web de Visit Húsavík tiene toda la información sobre las diferentes empresas que operan estas excursiones.
Las auroras boreales: la noche que no dormí
Había esperado diez días para esto. El pronóstico decía que la actividad geomagnética sería moderada-alta esa noche y decidí quedarme despierta hasta las dos de la mañana en un campo abierto cerca de Akureyri, tumbada sobre una manta, mirando al cielo.
Y entonces ocurrió.
Primero fue una franja verde pálido, casi como una nube iluminada. En cuestión de minutos se fue intensificando hasta que el cielo entero ondeaba en verde y violeta, moviéndose como cortinas al viento. No lloré, pero estuve muy cerca. Ver una aurora boreal en directo es de esas experiencias que no encuentran equivalente en ningún otro viaje.
Para seguir la actividad auroral en tiempo real, la aplicación Aurora Forecast y la web del Servicio Meteorológico de Islandia son herramientas imprescindibles.

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Consejos prácticos de Sara: lo que nadie te cuenta antes de ir
Esto es lo que le contaría a una amiga antes de que comprara el billete:
La mejor época para ir
- Para auroras boreales: entre septiembre y marzo, cuando las noches son lo suficientemente oscuras. Yo fui en septiembre y fue perfecto: todavía hay horas de luz decentes durante el día y las noches empiezan a ser largas.
- Para paisajes verdes y días largos: junio y julio son ideales, con el fenómeno del sol de medianoche. Pero no verás auroras.
- El invierno (diciembre-febrero) es para valientes: días muy cortos, posibles nevadas que cortan carreteras, pero auroras espectaculares y muy poca gente.
Transporte
- Alquilar un coche es casi imprescindible para recorrer la Ring Road con libertad. Reserva con antelación, especialmente en temporada alta.
- Si no quieres conducir, hay autobuses organizados y tours en grupo, aunque pierdes mucha flexibilidad.
- El aeropuerto principal es Keflavík, a unos 50 km de Reikiavik. Hay autobuses lanzadera o puedes alquilar el coche directamente allí.
Presupuesto
- Islandia es cara. Los precios de la gasolina, la comida en restaurantes y los alojamientos suelen estar bastante por encima de la media europea. Planifica un presupuesto generoso.
- Para ahorrar, cocina algo en el alojamiento, usa supermercados como Bónus o Krónan, y lleva siempre comida preparada para los días de ruta larga.
- El alojamiento más económico son los guesthouses y las granjas rurales (farmhouses), que además te dan una experiencia mucho más auténtica que los hoteles.
Datos útiles
- La moneda es la corona islandesa (ISK). Las tarjetas se aceptan en prácticamente todos lados, pero lleva algo de efectivo para lugares remotos.
- El tiempo cambia muy rápido. El dicho local es: «si no te gusta el tiempo en Islandia, espera cinco minutos». Lleva siempre ropa de lluvia encima, aunque salga el sol.
- No es necesaria una SIM local si tu operadora tiene roaming en la UE (Islandia forma parte del Espacio Económico Europeo), pero compruébalo con tu compañía antes de salir.
- Para las excursiones más populares —como el avistamiento de ballenas o las cuevas de hielo— reserva con semanas de antelación, especialmente en temporada alta.
- Consulta siempre las condiciones de carretera en road.is y el tiempo en vedur.is antes de cada etapa.
Y mi consejo más personal: deja un día sin planificar. El mejor momento de mi viaje fue cuando, sin ningún destino fijo, giré por una pista secundaria porque vi algo brillar a lo lejos. Era una laguna de aguas termales completamente sola, sin un alma. Me metí con la ropa interior porque no llevaba bañador y me quedé allí flotando, mirando el cielo gris de Islandia, pensando que hay lugares en el mundo que existen solo para recordarte lo pequeña que eres. Ve. De verdad.